miércoles, 31 de octubre de 2018

NOCHE DE HALLOWEEN EN EL PALACIO DE LOS CONDES DE CASA VALENCIA

La noche de víspera de difuntos es algo que siempre se ha tomado muy en serio en los palacios y palacetes de nuestra hidalga España, quien más y quien menos cuenta con algún difunto guardado en algún cajón esperando el indefinido momento propicio para explicarlo.

El Palacio de los Condes de Casa Valencia no es la excepción y siempre por estas fechas encuentra motivo para temer de lo que le depara a sus moradores la línea que une este mundo con el otro mundo, con la llegada del Samhain celta, se desatan todos los fantasmas

En este noble palacete decimonónico, entre el crujir de envejecidas maderas que han visto pasar todo tipo de personajes deslizándose sibilinamente para no despertar ningún mal recuerdo o vivencia mal vivida, tiene en estos días voto de silencio.

A pesar del estrepito de cadenas y vociferantes rostros crispados, que afirmaban ser miembros de la cofradía de las prisiones desde un exterior acotado y constreñido para que su estruendo no se volviera contagioso. El silencio se ha adueñado de todas sus estancias, es el silencio de los que no pueden ver por más que abran los ojos, el silencio de oídos sordos, o tal vez, el silencio de la impostura que se retuerce contra la realidad que golpea a su puerta pidiendo que la verdad se abra paso.

Ciertamente la decisión de albergar al Ministerio del Interior en este palacete ha sido una notable coincidencia con el destino, el más silencioso de los ministerios en un palacete lleno de memoria silenciada.

Pero es Halloween, otra impostura de nuestra realidad, colonizadas nuestras mentes por foráneas vivencias que asumimos hasta el más profundo de los silencios cómo propias, pero al menos estas fechas siempre traen con ellas tradicionalmente el susto o la muerte.



¿Sera suficiente tanto silencio como para acallar los gritos de justicia y de verdad que el personal de las prisiones clama durante años en el desierto del parqué político? ¿Podrán éstos muros borrar, en la era digital, los alborozados compromisos que los actuales arrendatarios brindaron al populacho talegüero en sede parlamentaria? 

Tal parece que no hay suficiente silencio como para acallar la injusticia sostenida en el tiempo contra quienes cada día sirven al Estado en la trinchera de la reinserción, podrán ser sometidos, pero no vencidos.

Tal vez hay quien ambicione reencarnarse en rey de Epiro y someter con victoria pírrica las demandas de prisiones, como la de acabar con la brecha salarial, de que se tenga el personal presupuestado y no haya 3.500 vacantes, de que las agresiones dejen de ser un acto de normalidad y, sobre todo, que el respeto, la dignidad como colectivo y como personas deje de estar manoseados y pisoteado como si en tiempos de Epiro siguiésemos.

La efímera vivencia de los que pasan por el ejercicio de la política, debería motivarles hacia la empatía con los administrados y el bien colectivo, porque ya la sabiduría de Umberto Eco nos advirtió de que “El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.”
Son tiempos de dudas, no hay certezas en el dogmatismo y el silencio es el mayor de los dogmas, no hay respuestas simplonas para contingencias complejas, y sin lugar a dudas las Instituciones Penitenciarias atraviesan una de esas contingencias complejas

El sistema penitenciario español es un modelo que ha sido capaz de sobreponerse a una herencia de oscuridad y dolor, hasta situarse como unos de los sistemas penitenciarios no solo mejor considerados, sino también más eficientes a nivel mundial. 

Si los profesionales que han conseguido tal proeza están movilizados en una permanente defensa para que no pueda abandonarse a su suerte éste sistema público, concitando confluencias de dispares sentimientos, es  síntoma de que algo va mal en la gestión de las cárceles en España en estos momentos, y si hay algo mal en las cárceles es que hay algo mal en la sociedad española, y la respuesta del Ministerio del Interior no puede ser la del silencio, la indolencia como arte, o la de ver en la crítica un asalto a la autoridad.

Solo desde la más perversa de las miopías se puede circunscribir el conflicto de prisiones como una cuestión laboral, presentarlo como que miles de trabajadoras y trabajadores penitenciarios solo quieren más dinero es no entender nada de lo que está pasando, y cuando no se entiende lo que pasa lo natural es el error. Y el error siempre alimenta más errores

El conflicto nace de demasiada indolencia sostenida en el tiempo, la indolencia de generar expectativas y solo devenir con más demandas. El primero de los sentimientos es el del abandono, el de la falta de reconocimiento del compromiso que diariamente hacen estés servidores públicos, grave error sin dudas, que reiteran gobiernos de distintos colores. Pisotear sentimientos es sin lugar a dudas más peligroso que arrebatar derechos.

Pero lo que realmente está en cuestión es el propio modelo penitenciario, porque el hartazgo y la falta de compromiso reiterada con la Constitución y la reinserción se materializa en el castigo en los trabajadores que ejecutan en nombre del Estado esas tareas.

El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a sus presos nos dice Dostoievski y efectivamente poner en riesgo ese grado de civilización de la sociedad española por algo tan básico como dialogar y abordar la defensa del sistema público y de sus servidores no es asumible para una sociedad moderna.

Porque el Ministro debe de saber que el diálogo, diálogo y diálogo que prometía al colectivo no es imponer y acatar, es escuchar y solucionar, como acertadamente reconoció las demandas son justas y lo son porque son demandas que fortalecen y modernizan el sistema penitenciario, porque sin lugar a dudas sin personal penitenciario no hay reinserción.

No es creíble que el problema para no dialogar, ni negociar con los sindicatos de prisiones después de tanto tiempo de movilizaciones y varios días de huelga, sea una cuestión presupuestaria o económica. Porque hablar de que no hay 45 millones anuales para mejorar nuestro sistema penitenciario público y para que haya más reinserción en un país que se gasta decenas de miles de millones en bancos privados, autopistas privadas, definitivamente seria inmoral si la razón fuese económica
.
Pero incluso en términos económicos, la falta de rigor se impone, estamos hablando de mejorar las tasas de reinserción, de reducir el impacto del costo del delito al Estado y a las victimas, ¿nos quieren hacer creer desde el Ministerio y o desde los oscuros recovecos de la Función Pública que ninguno de sus acreditados asesores, que recomiendan ignorar las demandas de prisiones, no ha sido capaz de hacer las cuentas del impacto de mejorar la reinserción?, por ejemplo, en un punto anual. Estamos hablando de generar un ahorro al Estado y a la ciudadanía, de 10 veces la cantidad invertida en potenciar la reinserción. No puede ser que alguien se esté planteando un modelo de gestión económica donde se priorice, valga de ejemplo, vender el coche para tener gasolina.

Salvo que el pensamiento de trascendencia se sitúe en el territorio del “cuanto peor mejor”, mantener esta situación sería una apuesta suicida por la implosión de un servicio esencial del Estado, porque el “cuanto pero mejor”, no será ni para el Estado, nunca para el servicio público de prisiones y por supuesto nunca tampoco para los miles de empleados públicos comprometidos con la Constitución y su aplicación en las prisiones.

Jugar a gestionar el incremento de la frustración del personal penitenciario como instrumento para la debilitación de los sindicatos representativos de prisiones es abrir la caja de pandora a las hordas bárbaras que asedian las murallas del imperio de la ley. 

Abrir las puertas, por acción u omisión, a quienes defienden situarnos en su sistema penitenciario preconstitucional y claramente punitivo tiene un alto grado de responsabilidad, no cabe engañarse con ello, estamos asistiendo a dar todas las facilidades a quien te quiere destruir, como ya hacen nuestro queridos sindicatos apoyando y asociándose con quienes solo buscan su destrucción, pero no les podemos pedir más a ese grupo narcisista que no conoce la realidad de los profundos cambios generacionales y sociológicos que se han producido en el colectivo penitenciario.

Los fantasmas que recorren hoy el Palacio de los Condes de Casa Valencia se difuminan entre los pliegues de las vanidades y el crujir de las cadenas del abandono, pero son fantasmas con nombre, se llaman compromiso con el servicio público y un sistema penitenciario Constitucional, deberían de tener miedo quienes habitan esas paredes porque pueden trascender como los artífices de haber destruido un sistema penitenciario moderno y eficaz.



Despierten, saquen del cajón ya el difunto de la negociación, articulen respuestas a las justas demandas de un colectivo ultrajado, atajen la frustración que el silencio y el olvido están generando.

Trasciendan sí, háganlo, pero como patriotas que defienden libertad, democracia y Constitución.

Una noche de susto para que no se convierta en muerte, el Palacio duerme, pero sus fantasmas no.

jueves, 25 de octubre de 2018

CAMISAS NEGRAS, EL CAMINO DE LOS SUEÑOS ROTOS


Hace un siglo, Italia estaba sumida en una profunda crisis política, económica y social, fruto entre otras causas, de las consecuencias de la primera guerra mundial, de las tensiones coloniales y de las contradicciones generadas dentro de las capas trabajadoras muy conservadoras y la creciente fuerza del sindicalismo de clase.

Frente a este estado de cosas, en un estado general de frustración generalizada y con un profundo resentimiento nacionalista se organizan las camisas negras, en torno a la expresión de la exaltación de la irracionalidad en la conducta y los sentimientos, llenos de intolerancia y ciego fanatismo.

El resultado es conocido, la crisis se agravó, la frustración aumentó y la derrota recorrió Italia, llenándola de cientos de miles de muertos y destrucción tras pasar por una férrea dictadura. El atajo a la historia se convirtió en un cementerio.

La situación actual es diferente obviamente, sobre todo porque los siglos no pasan en balde, aunque a veces la historia se repite, aunque sea ya como farsa y por ello no podemos obviar que  hay elementos recurrentes de crisis anteriores en la situación actual, la desigualdad aumenta en su expresión más brutal a lomos del neoliberalismo global, las guerras de religión son la coartada que sustituye a las guerras coloniales, el contrato social que cohesiono Europa está roto diluyendo en un ácido de realidad el mito de la clase media, la acracia neoliberal se rebela contra el establishment del que forma parte.

Y frente a la toda la frustración, desigualdad social, la receta siempre es la misma para los que se empecinan en repetir como farsa la Historia: autoritarismo y fuerza, con el aglutinante del individualismo global contra los ”otros”, representado en la formula identitaria del clan.

El campo de lo sindical no es ajeno a esta profunda crisis y transformación que se viene produciendo, el mundo de las grandes fábricas y de  la industria básica ha muerto, la fragmentación laboral es total con claras situaciones de antagonismo entre trabajadores, la precariedad es un estado de normalidad y un modelo de relaciones laborales, el trabajo no es ya una herramienta para no ser pobre, el futuro es hoy y las nuevas generaciones no tienen un horizonte de seguridad, la revolución digital prescindirá de millones de personas sin alternativa personal ni laboral.

Todo ello conlleva inevitablemente a que la dialéctica de las organizaciones sindicales no este ajustada a esa nueva realidad laboral y social, porque ahora el discurso desde lo racional y lo objetivo no tiene la potencia necesaria para satisfacer las expectativas generadas de lo inmediato por las “necesidades” del idealismo y lo emocional que priman actualmente en el hegemónico individualismo laboral del sálvese quien pueda.

Obviamente el mundo laboral de las prisiones no puede ser ajeno a la realidad que le rodea, es más, aunque pueda parecer paradójico, por el factor de seguridad laboral intrínseco al mismo, probablemente sea más sensible que otros a estos nuevos fenómenos, por el componente sociológico que determina el trabajo en una organización laboral cerrada con una escala de valores propios y donde el miedo a la inseguridad “vital” adquiera una relevancia no fácilmente entendible desde una perspectiva externa, donde elementos como el reconocimiento social, la identidad de grupo, la renovación generacional, y la generación de expectativas endógenas, conforman factores que dimensionan nuevas necesidades a las que dar respuesta desde la objetividad y la racionalidad del mundo sindical es complejo.

El mundo penitenciario ha tenido profundos cambios en las últimas décadas en España, los avances son incuestionables, tanto es así que han situado al sistema público de prisiones español entre los más destacados en materia de derechos humanos, reinserción, o infraestructuras.
   
Pero, no menos cierto es que los avances en el mundo laboral del personal penitenciario no han ido al mismo ritmo, como demuestra, por ejemplo, la política del último plan de amortización donde se generan fuertes inversiones en modernizar infraestructuras, pero no se generan recursos para dotarlas de personal.

El personal penitenciario evidencia una serie de necesidades objetivas que no están siendo atendidas en un dilatado tiempo, como pueden ser, retribuciones vinculadas a su eficiencia y función social, protección efectiva frente a los riesgos para la salud, con especial atención al grave problema de las agresiones, las necesidades formativas ante las nuevas exigencias que el cumplimiento penal demanda, la posibilidad real de la carrera administrativa, tanto horizontal como vertical, o los mismos concursos de traslados hipotecados  por una agónica carencia de personal, con más de 3.500 plazas sin cubrir.

Frente a toda esta problemática, cierto que, con desigual intensidad, y diferente responsabilidad el sindicalismo institucional o representativo en prisiones no ha sido capaz de obtener resultados que abordasen esas necesidades en favor del personal penitenciario, todo ello agudizado sin duda por la profunda crisis económica y los recortes padecidos en el sistema público en España.

Con las necesidades objetivas y racionales que demanda el buen funcionamiento del sistema, cuando quedan postradas durante años, la frustración y el desencanto crecen empujando a la objetividad hasta que se desliza por la pendiente de las emociones y se trasforman en un problema de abandono, marginalidad, ostracismo, donde la necesidad ya no es colectiva sino es una necesidad vital personal.
Es en este caldo de cultivo, y de un modo tan organizado y como rápido donde toma presencia y cuerpo en las relaciones laborales en Instituciones Penitenciarias, un autoproclamando movimiento “asindical” de camisas negras que bajo la consigna de “tu abandono me puede matar” ha irrumpido con un claro mensaje anti-sindical.

Es un movimiento que se instala en la ambigüedad calculada, su mensaje se utiliza según pueda interesar contra la administración, contra los sindicatos o contra cualquiera que consideren no sigue ciegamente sus postulados. Es decir, volvemos al inicial planteamiento de hace cien años, el aglutinante del individualismo global contra los ”otros”, representado en la formula identitaria del clan, el clan de las camisetas negras.

Se abren importantes interrogantes respecto a este movimiento, es evidente que las condiciones objetivas existen, radican en la degradación laboral y prepotencia que reina en las Instituciones Penitenciarias, pero sus alternativas frente a las mismas son un correlato de “deseos” y ”quieros” construidos con un copia y pega de las demandas tradicionales de los sindicatos y sin que se exprese mayor estrategia para alcanzarlos que la de presionar a los sindicatos y  aderezada de alguna demanda generalista a la Administración

Lo que debe de llevarnos a reflexionar en cual es la diana real del movimiento cuando el primer objetivo de su movilización son las fuerzas sindicales, que, con todas las carencias y debilidades, son las que sostienen los derechos laborales.

Otra cuestión, no menor, es que el crecimiento de las “camisas negras” se produce con la incorporación de dos tipos de personal, gente con muchos años laborales en prisiones y que se destacan por no haber participado nunca en movilizaciones o protestas reivindicativas y una generación más joven que se ha incorporado en los últimos diez años y que tampoco se ha involucrado sindicalmente, todo ello dirigido por personas vinculadas sindicalmente y que no han encontrado un espacio para ellos en sus organizaciones.

Por otra parte, está la siempre escabrosa cuestión de las finanzas, es un terreno donde no parecen tener especiales dificultades y que tratan de justificar como aportaciones personales, pero que indudablemente suscita dudas de credibilidad.

Siempre que se ha organizado algo con rapidez y capacidad de impacto se ha hecho porque hay financiación externa con intereses concretos en el desarrollo de la organización, la financiación puede provenir en éstos casos del mundo empresarial o del mundo político, o de ambos con intereses entrecruzados, sería interesante que este tema tuviese cierto nivel de transparencia, sobre todo con los potentes intereses existentes por las grandes corporaciones con hacer negocios de la privatización de los servicios públicos, máxime en uno tan goloso como las prisiones donde es público el interés en su privatización

La otra cuestión es que correlato político sostienen a un movimiento de estas características que, aunque se presenta como ansindical y sin un aparente mensaje político, es precisamente ahí podría radicar el potencial de su proyección política, no obstante, si es evidente, que por parte de grupos de la extrema derecha hay un especial interés en captar personal en los ámbitos de la seguridad del Estado y un movimiento de estas características abre múltiples oportunidades. Por otra parte, desde organizaciones políticas, del propio establishment les sería de gran utilidad contar con un Ministerio del Interior sometido a tensiones desde dentro, que facilitase su discurso político utilizando las mismas para desgastar al Gobierno.

En definitiva, nos encontramos ante un fenómeno sindical y político incipiente, pero para nada espontáneo que se desarrollará en los próximos meses y podrá ser relevante en la política penitenciaria española en un medio a corto plazo.

Por lo tanto, no se trata de demonizar, o generar calificativos, contra un movimiento de gentes normales en su inmensa mayoría que lo único que han encontrado un cauce que canaliza sus frustraciones profesionales. De lo que se trata es de generar políticas laborales adecuadas para cortar el suministro de razones para que el movimiento se expanda, es decir, políticas de relaciones laborales que atiendan las demandas objetivas y fortalezcan el sistema penitenciario como servicio público en el marco constitucional.

En ese terreno los agentes principales serán sin duda las organizaciones sindicales, que deberán de ser capaces de tener la habilidad y capacidad de representar las demandas, que son suyas, y que son las que justifican la articulación de este movimiento. Es decir, tener la capacidad de exigir y gestionar soluciones prácticas para problemas reales, porque si lo que tienen es la tentación de contrarrestar entrando en la confrontación de lo emocional habrán perdido, porque las emociones son subjetivas y particulares.

Por supuesto el Ministerio del Interior debería poder estar en condiciones de acreditar tener alguna política penitenciaria con  responsabilidad de Estado y ser capaz de comprender los retos que tiene frente a si,  que no son meramente laborales y tienen un profundo componente político desde la óptica de la seguridad del Estado, no tratando de ningunear unas demandas muy objetivas y reales, a la par que necesarias para el desarrollo de un modelo penitenciario moderno y reinsertador. Jugar con las necesidades y emociones del personal de prisiones no es una apuesta muy inteligente, es temeraria y demuestra un desconocimiento profundo de lo que se gestiona, salvo que lo que se pretenda sea echar gasolina al fuego.

El presunto argumento que desde los Gobiernos siempre se tiene la tentación de esgrimir, sobre el gasto público, solo demostraría no haber comprendido absolutamente nada de lo que es y para qué sirve un sistema penitenciario moderno, la reinserción no es un gasto es una inversión para ahorrar en costos sociales y económicos, y además es rentable.

Si el camino sigue como hasta ahora, al albur de los cientos, con engaños y mentiras, tratando de doblegar a los trabajadores por inanición,  las camisetas se transformarán en camisas y el negro desprenderá fuego que se materializará en un sistema de prisiones más vulnerable, con fuertes tensiones internas, con una bajada exponencial de la calidad reisertadora actual, y donde lo punitivo será central y estará presente como demanda generalizada ante la degradación de un sistema penitenciario al que no se ha sabido defender, por parte de los que se les llena la boca de reinserción y Constitución, todo por algo tan banal,  por el corto-placismo y la mediocridad de unos gestores políticos que solo trabajan en el narcisismo de una agenda de lo inmediato.

Solo el camino de la negociación cierra las puertas a los senderos de los sueños rotos, solo habrá o liderazgo o rompedores de sueños. Ese es el reto

martes, 4 de septiembre de 2018

PRISIONES: ¿MOVILIZACION O PAZ SOCIAL?


Que los sindicatos repiten con cansina insistencia a los funcionarios de prisiones, su mantra acerca de lo mal que están las cosas en Instituciones Penitenciarias no es ninguna novedad, vemos diariamente que quienes firman dejarnos sin protección frente a las agresiones sacan notas quejándose de ellas; o aquellos que denuncian que faltan miles de plazas y no tiemblan en dejarnos sin ellas y firman acuerdos con la Administración para reducir plazas del C1 y ampliarlas al C2. Es decir, asistimos a un baile de confusión donde nos tratan al personal como menores de edad, a los que se les puede manipular con cualquier baratija que brille.

Pero realmente, ¿qué cosas estamos haciendo, para que esa realidad tan dramática que se dibuja en los panfletos sindicales cambie?, para que cambie nuestra paupérrima realidad laboral como personal público en las prisiones. Y digo hacemos, porque de las debilidades de los sindicatos también somos responsables las que estamos afiliadas a ellos.

Ciertamente no hay demasiadas cosas por las que brindar, más allá del teatrillo rococó y pestilente con el que nos obsequian nuestros representantes enfrentándose entre sí y acusando a los demás de lo que ellos no hacen.

Nuestra realidad laboral ha sufrido un importante retroceso en los últimos años, muy importante por tratarse de un servicio público especialmente sensible, con las libertades y los derechos fundamentales en juego. Aunque tampoco seamos cínicos, hay colectivos que han sufrido las garras de la crisis con más rabia que nosotras, hasta extremos de ser expulsados de los estándares occidentales de la supervivencia.

Pero si es cierto, que hemos perdido derechos, hemos perdido mucho poder adquisitivo, casi un 18% desde que Zapatero nos cosió los zapatos de nuestras nóminas, la falta de personal además del aumento de la carga de trabajo, tiene mucho que ver con las agresiones, que están estratosféricas, básicamente porque nadie tiene interés en prevenirlas, y piensan siempre a corto plazo, en réditos políticos o titulares de prensa, que se pagan con la sangre de funcionarios y funcionarias agredidos.

Todo este panorama de atonía general, de conformismo entre las plantillas, del ordeno y mando de una Administración tan incompetente como autoritaria, de la confrontación sindical, del agujero negro de nuestros derechos, parecía que se iba a invertir cuando el 11 de enero se alcanzó un acuerdo entre Acaip, Csif Ccoo y Ugt, que representan el 100% de la mesa de negociación. Era un acuerdo de mínimos, cierto, faltaban muchas cosas, cierto, pero era el único acuerdo posible, el único acuerdo en decenios con todas las siglas firmando.

Pero el gozo y la esperanza duraron poco, el determinismo de la historia sindical de prisiones se impuso de nuevo al día siguiente, Csif desautoriza a su representante, el responsable del sector de la AGE y comienza a maniobrar para dinamitar el acuerdo desde dentro, convocando movilizaciones para otros fines utilizando la manifestación unitaria de prisiones.

Es cierto que ello no representaba nada nuevo, pues hasta el 10 habían maniobrado y presionado a las otras organziaciones para marginar a Acaip de cualquier movilización o negociación, pero todas nos creímos que había cambiado algo, que habían aprendido  y que le unidad respecto a mínimos era posible.

Pero lo cierto es que la dependencia del Gobierno del PP de Csif lo presentaba como quinta columna en cualquier tipo de movilización reivindicativa frente al mismo, tal vez eso explique su firma del acuerdo, pensaban poder dominarlo desde dentro y aliviar la presión que la incompetencia del equipo directivo de prisiones recibía. Csif prefirió seguir a las órdenes de Yuste que ser un instrumento reivindicativo útil para el personal penitenciario.


Para ello se doto de una política sindical extremista, para tratar de presentar a sus adversarios sindicales como débiles y poco reivindicativos, recupero la equiparación con Cataluña como bandera, a la que había renunciado el 11E, se llenó la boca de unidad después de romperla de un modo bastante rastrero, para acabar hoy presentándose como una víctima de la incomprensión de la mayoría, en definitiva, todo un ejercicio de cinismo sindical y manipulación política.

Las otras tres organizaciones que respetaron el acuerdo del 11E se constituyeron en Mayoría Sindical e impulsaron y organizaron importantes movilizaciones, la del 24F, en los centros, el encadenamiento ante SGIP, explicación a políticos, propuestas parlamentarias y una larga cadena de iniciativas que pus el problema de prisiones en la primera plana de la comunicación y que ayudo a desperezarse a sectores del colectivo penitenciario.

Y todo esto fue posible gracias a una nueva dinámica sindical de Acaip, ésta organización llevaba muchos años anquilosada como gestora servicios para afiliados, a la sombra de algunas promesas que la Administración les había hecho, pero si construir ninguna alternativa para enfrentar el deterioro de la institución penitenciaria.

Acaip como sindicato presidencialista, tiene dinámicas muy personalistas que arcan su acervo a la hora de construir discurso y comprometerse con las necesidades del colectivo. Y se produjo un hecho importante que explica ese cambio de dinámica, la sustitución del anterior presidente por otro nuevo.
El acceso del Sr. Pascual a la presidencia de Acaip marca un reverdecimiento reivindicativo para esta organización, con una apuesta personal y singular muy importante, la de visualizar la necesidad de aliar el musculo organizativo de ACAIP con la capacidad institucional y representativa de las grandes organizaciones confederales, CCOO y UGT.

Es cierto que ese presidente recibe muchas críticas del establishment sindical y penitenciario, que ha cometido errores de cálculo en su política sindical, pero no menos cierto es que sin su decisión de empujar la movilización en la defensa del colectivo, nada de lo que se hizo hubiera sido posible. Y no vale es la cobardía de tratar de utilizar las acusaciones de quienes lo querían eliminar porque confrontaba realmente con las políticas regresivas penitenciarias como un demerito, cuando en realidad esas acusaciones son un valor para su compromiso personal y su defensa de las demandas del colectivo, siempre que se cuestiona el orden establecido, la reacción no se hace esperar, menos en un aparato del Estado, de máxima seguridad como son las prisiones.

La mayoría sindical es un valor en sí mismo, porque tiene la capacidad de la movilización y de la representatividad necesaria para alcanzar las reivindicaciones que se necesitan para salir de la situación institucional que padece el personal de instituciones penitenciarias.

El cambio de Gobierno obligo a que las movilizaciones fueran suspendidas para poder tener una interlocución y una negociación con los nuevos gestores de la Administración, es un momento que posibilita más cambios en el mundo sindical de prisiones que tendrán sin duda incidencia en el desarrollo de la capacidad de presión del colectivo penitenciario.

Aun a pesar de que objetivamente se produjo un frenazo de la presión, se desarrollaron dos movilizaciones interesantes con un importante nivel de seguimiento, la del 2 de agosto contra las agresiones y la de Sevilla del 1 de septiembre, que demuestran que la fórmula de la mayoría sindical tiene capacidad en la calle para mantener la presión, y que por tanto tiene la exigencia de trasladar esa presión de la calle a la mesa de negociación.


Pero esa certeza objetiva, contrasta con las interrogantes que se abren respecto a que se va a hacer frente a una Administración “muy bien hablada” pero que no resuelve la problemática de fondo y se dedica a tirar balones fuera, dar largas y no resolver nada, la inseguridad presupuestaria marca la agenda.

Probablemente, mucho de lo que suceda a partir de ahora tendrá que ver con la “suavización“ del empuje movilizador que tenía Acaip hasta mayo y que sin duda guarda relación con hitos de carácter político, el primero de ello el retorno del anterior presidente del sindicato, que fue quien lo dirigió durante todos los años de sindicalismo pasivo. Y también como no puede ser de otro modo, por tener nuevos interlocutores con nuevas dinámicas en la Administración

Por otra parte, es público que existen movimientos para tratar de modificar el mapa representativo sindical en la Administración General del Estado, y en los cuales Acaip está especialmente implicado, y que se debate actualmente entre CCOO y UGT para una fusión o alianza electoral.

En este aspecto no son menores los temores que se tienen en el PSOE y en el Ministerio de Interior a una alianza entre el musculo de Acaip y la política de confrontación de CCOO, por lo que se les ha lanzado un mensaje claro a la dirección de Acaip, de aliarse con alguien debe de ser con UGT, que es un sindicato más de Gobierno, mas “útil” y para obtener algún acuerdo en prisiones esa alianza debe de materializarse de una forma satisfactoria para no generar inestabilidad en las prisiones con demandas “exageradas”.

Por ello, en contra de lo que circula en redes, la fusión de Acaip, independientemente de lo que piensen sus delegados, será al final con UGT, y eso tiene implicaciones directas sobre la movilización y la presión frente a la SGIP. UGT, al igual que CSIF con el anterior Gobierno, no quiere poner en dificultades a los “suyos”, al Gobierno de Sánchez y dentro de la mayoría sindical defiende posiciones conciliadoras y de desmovilización.  Si UGT definitivamente absorbe a Acaip, esas posiciones serán las que triunfen en la mayoría sindical.

Esto explica las movilizaciones de perfil bajo que dicen tener para este mes, con concentraciones en un par o tres centros, pero sin generar disfunciones de una presión real, ni disputar la fuerza a la Administración dentro de los centros de trabajo, son movilizaciones “escaparate” para aparecer en alguna nota de prensa, pero no para poner en dificultades al Ministerio con el que parece han sellado ya la paz social.


Claramente la tendencia de la mayoría sindical parece dirigirse a un sindicalismo de conciliación, con una negociación de trastienda, UGT busca obtener un acuerdo de cara a las EESS del año próximo que les refuerce en su fusión con Acaip, el Gobierno, el Partido y la Administración echaran una mano en esa dirección,  pero será un acuerdo que no va alcanzar ni de lejos las expectativas generadas en el colectivo, y que por supuesto no pivotara sobre la eliminación de las diferencias salariales, sino sobre una subida salarial en varios años y sin que el personal pueda visualizar las contrapartidas que deberán de abonar para el mismo (que se desarrollarán en grupos de trabajo durante la vigencia del acuerdo), por ejemplo modificaciones de fondo en la segunda actividad.

Además, no se puede perder de vista las garantías que pueda ofrecer el Gobierno a ese acuerdo, toda vez que la aritmética parlamentaria no le acompaña, y las triquiñuelas parlamentarias hace difícil las modificaciones de calado que exigen sus socios. No tener presupuestos debería de estar contemplado en cualquier tipo de acuerdo, y contemplar las pertinentes garantías frente a la falta de presupuesto.

El camino hacia la paz social en prisiones está abierto por la hegemonía a favor del mismo que representan UGT y Acaip, y la paz social no traerá soluciones a los déficits estructurales de la institución, y se habrá desaprovechado otra vez una posibilidad de cambiar prisiones, de que se avance en su modernización y en el reconocimiento de su plantilla, es la derrota de la movilización frente al sindicalismo de despacho.

¿Y los demás actores sindicales, tienen algo que decir en este contexto?

El más importante por el volumen de su representatividad y afiliación que es Csif, no está ni se le espera, es un sindicato de Gobierno y solo trabaja para desgastar al actual Gobierno y que regresen los “suyos” por lo tanto solo hará postureo también, como su famoso encierro organizado por la propia Subdirección de Personal con la anterior Administración.

Los de CCOO tienen las declaraciones más consistentes con las demandas del 11E y expresan su intención de pelearlas. Otra cosa es su musculo, que no tiene capacidad por si sola de generar movilización de envergadura en prisiones. Queda por ver si es capaz de aglutinar el descontento ante la vuelta a la "normalidad" y, sobre todo, si su papel de representatividad e institucional va a seguir al servicio de una mayoría sindical entregada electoralmente a UGT y su fusión con Acaip, y que obviamente esta dirigida principalmente contra ellos.

APFP después de 15 años de existencia como sindicato, sigue jugando a lo de del nuevo sindicato, con mucha literatura, pero ningún acto real, tratando de recoger los cabreados con las dinámicas institucionales y siendo un sindicato satélite de las decisiones que adopta Csif. No acaban de ubicarse en la realidad sindical, su estrategia les deja fuera permanentemente de los ámbitos de decisión y eso les hace innecesarios. Todo dependerá si son capaces de cambiar en su aproximación al mundo sindical.

Finalmente están los “antisistema” de prisiones sin presencia real en los centros, llegaron para regenerarlo todo y hoy están jugando a ser altavoces de los partidos de extrema derecha en las redes, sus posiciones extremistas  e infantiloides les sitúa fuera de toda posibilidad de intervención más allá de la pura retórica en redes de profesionales del cabreo.

Nos encontramos por tanto en una contradicción entre la necesidad de cambios estructurales y profundos en las relaciones laborales, en las condiciones de trabajo, en la estructura de la Administración Penitenciaria y las alternativas dominantes, las de lo políticamente correcto, que es construir la paz social sobre unos parches que acallen las exigencias actuales y desanimen al personal de iniciar otras nuevas.

En esa dialéctica entre movilización y paz social, la última palabra la tenemos las trabajadoras y los trabajadores de prisiones, si las demandas responden a necesidades reales tenemos la responsabilidad de movernos y exigir que se aborden, cada cual en su ámbito sindical (los delegados los elegimos los afiliados, no elijamos delegados dóciles al poder del sindicato, sino respetuosos al poder de los afiliados) y la respuesta debe sentirse en todos en los centros. Si no, todo quedara en abstractas y débiles reivindicaciones de mejoras sin necesidades de cambio reales, todo seguirá igual, con alguna limosna que posiblemente financiaremos nosotras a costa de amortizar plazas vacantes y por lo tanto precarizar más nuestro trabajo.

Nosotras decidimos si hay movilización o nos resignamos a que todo siga igual los próximos años bajo el imperio de la paz social

viernes, 20 de julio de 2018

LOS MAGOS DE ORIENTE TAMPOCO LLEGAN EL 24 DE JULIO A PRISIONES


Recientemente una parte de las organizaciones sindicales que operan en el ámbito de Instituciones Penitenciarias se han reunido con el Ministro del Interior, Grande-Marlaska, dentro de las reuniones que desde el nuevo equipo Ministerial se están efectuando con las diferentes organizaciones de todos los departamentos del Ministerio

Lo que era, y fue, un encuentro de carácter protocolario y buenas formas (se echaban de menos ante las ultramontanas de la anterior Administración) dentro de las relaciones laborales ante un cambio de equipo de gestores, para ciertos sectores del colectivo laboral penitenciario se aprovecho para presentarlo como un hito en el camino a conseguir las reivindicaciones y  por las que nos hemos movilizado y, otras por las que no nos hemos movilizado y que presentan como objetivos de máximos inexcusables

Es a actuación no es en absoluto nada inocente o fruto del infantilismo y falta de contacto con la realidad de las relaciones laborales que se puedan padecer entre nosotros, al contrario, responde a una estrategia de extender la frustración y el desarraigo hacia lo sindical entre las plantillas, se generan expectativas, emocionales, utópicas, maximalistas, sin ningún criterio económico, político o técnico que obviamente no van a tener la respuesta a les demanda generada artificialmente y permitirá otra nueva campaña anti-sindical, anti-institucional y anti-sistema de un populismo de extremistas de derecha.

De los que se conoce, mas allá de la propaganda que cada organización sindical pone en sus comunicaciones, de la reunión con el Ministro, hay bastantes claroscuros, como no podía esperarse de otro modo.

Parece ser que tienen conciencia de que sin personal penitenciario no puede haber servicio público en prisiones y que tampoco puede haber cumplimiento del mandato Constitucional de la reinserción, por lo que es de esperar un esfuerzo en ese campo del empleo público (un sindicato se atrevió a poner una cifra, y evidencio su ridículo al subirla por encima la Administración el planteamiento), que seguramente no alcance, de un primer impulso el déficit estructural existente (3400 plazas) y que esperemos afronte con seriedad abordar la perspectiva de una salida masiva de personal en los próximos años por la vía de jubilaciones.

En cuanto a la organización y la estructura para llevar a cabo su proyecto de modelo penitenciario se muestran claramente conservadores, pocos cambios y muy despacio, ajustes estéticos, como el de la Inspección Penitenciaria cambiando su nombre, pero poco más. Realmente frustrante cuando hay direcciones que además de reinos de Taifas, son paradigmas de la negligencia y del más puro estilo de tiranía oriental en las relaciones laborales.

En la cuestión que más nos ocupa y preocupa a todas, la retributiva, el corsé está demasiado apretado por la coyuntura, interna, externa y de relaciones interministeriales, eso sí buenas palabras de reconocimiento y buena voluntad se manifestaron, pero claro conceptos como mejora, son demasiado etéreos y volátiles como para configurar un punto de optimismo racional. En ese sentido parece una buena iniciativa la de la Plataforma de Acaip, CCO y UGT de pedir que el 24 se les haga una contrapropuesta valorada económicamente a la que ellos han realizado. Toca esperar a conocer los márgenes presupuestarios en esta materia, que obviamente estará condicionada a los presupuestos de 2019, pero que es más que probable que no colme las expectativas ni de unos, ni de los otros, pero fundamentalmente de nosotras.

Como no puede ser de otro modo en el marco legal de negociación colectiva sustentado sobre la interlocución entre las partes sobre la base de la representatividad, el papel de las organizaciones sindicales es esencial.

La mayoría sindical, articulada en torno a la plataforma de CCOO, UGT y ACAIP han presentado una propuesta de negociación bastante sólida, en principio por dar respuesta a demandas para TODO EL COLECTIVO y por otra parte además de las líneas argumentales, por tener un sostén técnico muy elaborado. En su contra constan el hecho de que significa abordar un cambio conceptual del modelo retributivo en Instituciones Penitenciaras, objetivando lo que es común, y señalando lo que es particular, es decir igualar retributivamente cada categoría laboral, con independencia de la geografía donde se desempeñe, además de ser una opción moral y sindical virtuosa, ayudaría a eliminar ayudaría a eliminar la división del colectivo  y a evitar que se articulen más corporativismos internos artificialmente creando capas elitistas sin funcionalidad real diferenciada.  Donde generara las reticencias de la administración es en abordar los elementos diferenciadores de la actividad de esa categoría, lo primero por las dificultades de fijar los mismos, País Vasco, carga de trabajo, peligrosidad, riesgos, aislamiento geográfico, distancias, ectra. Siempre serán campos de batalla del sí o no, pero parece una apuesta atrevida y digna de ser discutida sin ruido de fondo.


El otro actor con capacidad de intervención en las mesas de negociación es Csif, esta organización mantiene una actuación sindical con el objetivo electoral del próximo año muy marcado en lo que hace. Ello explica que, tras incluir propuestas suyas en el acuerdo de la plataforma sindical, se bajara en marcha para abrazarse a la equiparación con Cataluña, luego con las autonomías y ahora con un referéndum.

Csif en IIPP es una organización que se viene caracterizando por presionar para incluir sus postulados, para posteriormente no firmar lo que ha construido con los demás, salvo su firma del protocolo contra Agresiones, son escasas las firmas de Csif a algo en Instituciones Penitenciarias.

Su propuesta de equiparación con Cataluña, es tan legítima como cualquier otra, además es más simple de explicar, no hay que documentar nada, simplemente manifestar que “yo quiero lo mismo que el de la mesa de al lado”, pero siendo cierto eso, no es menos cierto que tiene dudas algo más que razonables en su propuesta y a las que no puede responder con la ambigüedad y tópicos de consignas vacías como lo viene haciendo.

Tiene que explicar con todo lujo de detalles como afecta su propuesta a TODO EL PERSONAL DE PRISIONES, para que cada cual nos conformemos nuestra opinión desde la realidad. Es decir, tiene que decir con que personal de Cartaluña y como equipara al PERSONAL LABORAL, el personal laboral parece que es algo que Csif está dispuesto a sacrificar en la negociación. Lo mismo debe de hacer con el PERSONAL DE OFICINAS, e igualmente con los SANITARIOS, son elementos que debe esclarecer y que no puede mantener ocultos por estrategia electoral, porque todo este personal se merece el respeto de saber la verdad.

Partiendo de la idea de que ambas propuestas son igual de legítimas, es necesario que las dos no tienen igual valor negociador, insistir de nuevo que nuestro modelo de relaciones laborales se basa en criterios de representatividad de los agentes que negocian los acuerdos. Esa y ninguna otra es la legalidad vigente.

Csif se pasó al bando de la minoría cuando abandono voluntariamente el acuerdo del 11E, y tiene todo el derecho, pero no puede confundir a las plantillas, con el intento de ocultar que está en minoría con un pretendido referéndum vinculante entre las mismas, ese no es el marco legal existente, ellos pueden consultar a sus afiliados, a las plantillas para que opinen sobre lo que quieran, pero no pueden determinar la mesa de negociación con ningún referéndum, pues la mesa de negociación se articula con los criterios de la legalidad vigente, a los que son ajenos los referéndums para determinar la negociación de una mesa. Así lo hizo Csif, cuando firmo el protocolo de agresiones en la mesa de la Age, amparándose en contar con el apoyo de la mayoría de la mesa.

La MAYORIA SINDICAL lo es en función de la legalidad vigente, no en función de una proclama propagandística electoral, porque la representatividad reconocida desde la ultimas elecciones sindicales así lo dice y por ello es seguro que desde el Ministerio no se va a iniciar ningún movimiento que altere esa legalidad, y negociara de buena fe con la mayoría de la parte social y con su propuesta sobre la mesa, que es la que concita más apoyos. Con la participación de quienes no la comparten dentro de esa parte social, como no puede ser de otro modo.

Csif en su acelerón de campaña electoral probablemente se haya pasado de frenada y abandonar la mayoría le aísla a la hora de introducir propuestas, máxime con las políticas de hostigamiento y confrontación con esa mayoría sindical, su acercamiento hacia sectores más radicalizados y extremistas hace que dejen un hueco grande entre la centralidad y racionalidad mayoritaria en el colectivo, que no entiende por ejemplo que después de todo lo que ha pasado se pida el mantenimiento de directores y gestores de la sgip como punto central de sus demandas, le acabara pasando factura, como paso con el protocolo que protege a los mandos y no a los funcionarios.

Finalmente, de los datos que se han ido desgranando, parece ser que el 24 no hay que esperar especiales propuestas y que los tiempos de negociación que se manejan desde el Ministerio están orientados a acotar los espacios de negociación con el pretexto del parón vacacional y así poder forzar un punto de encuentro con poco tiempo para la respuesta, a una propuesta que tratará de parapetarse detrás de una buena oferta de empleo, pero que será manifiestamente insatisfactoria retributivamente.

De confirmarse esa hipótesis, lo razonable es que tanto la Mayoría Sindical como Csif avancen a las plantillas que movilizaciones y respuestas van a dar, partimos de la idea que no hemos abandonado nuestras demandas, que no tenemos agredidos, lesionados, detenidos para una respuesta de mínimos.

Estaría bien tratar de abandonar extremismos y tender puentes de encuentro entre los sindicatos, incluyendo, porque no, a los que no tienen la representatividad para negociar, aunque sean de mínimos, pero tampoco hay que dramatizar el asunto, hay una mayoría suficiente para negociar y sobre eso hay que hacer la pedagogía, intensificar la participación del colectivo y cohesionarnos para defender nuestras reivindicaciones.

Definitivamente cabe concluir que los Magos de Oriente no llegaran el 24 de Julio a prisiones, la magia la deberemos de poner el colectivo, con más presión, más rigor, y más cohesión reivindicativa y de movilización.

Porque no avanzar, siempre es retroceder, hay que dar pasos, aunque nos parezcan cortos

miércoles, 20 de junio de 2018

FILIBUSTERISMO SINDICAL EN PRISIONES


El personal penitenciario somos un colectivo muy receptivo a las soflamas vacías, las consignas terapéuticas y el postureo sindical, nos ahorran esfuerzo y compromisos reales, por ello no debe de sorprender que la actividad sindical se centre más en la propaganda que en el logro y defensa de mejores condiciones laborales.

Llevamos meses sumergidos en el lodazal de la propaganda que acalla cualquier posibilidad de reivindicación sostenida en la presión y la negociación seria. La política de notas, selfies, twits y demás arte del quedarse quieto y que se parezca que todo se mueve, nos ha conducido a la misma situación que llevamos padeciendo durante muchos años, el inmovilismo y la degradación de las prisiones, que por otra parte seguro que a alguien favorecerá.

Todo esto lo tenemos interiorizado cada una y uno de nosotros y lo normalizamos, a cambio de algún exabrupto a nuestro compi delegado sindical (que por cierto es el menos responsable de lo que pasa) y también rajamos endemoniados a los mismos sindicatos que pronto volveremos a votar para que todo siga igual, es este teatrillo penitenciario que nos deja cada día más pauperizadas.

Pero sin lugar a dudas lo que ha sido de record en teoría manipulativa y postureo sindical es todo lo relacionado con el hasta ahora sindicato del Gobierno al que acompaña a la oposición, quedando en minoría en las mesas de negociación por su sectarismo y confrontación con las otras organizaciones sindicales.

Coordinado con los responsables políticos de las prisiones inician un “encierro” en la secretaria general, encierro que su máximo responsable abandona para reunirse con las otras organizaciones sindicales y decirles que o se unen a ellos o que seguirá la ruptura sindical.

Es un encierro donde fieles a los principios de la propaganda nos inundan en redes con fotos de los sufridos que son tras días y días de duro aislamiento. Lo que no dicen estas fotos es que entran y salen cuando les da la gana, el resto de sindicalistas solo pueden hacerlo si van a una reunión concreta. Tampoco dicen que unos se van y otros vienen. Lo que nos lleva a como puede ser en un encierro esta situación, los encierros de verdad, la gente se queda sin poder salir, y hacen todo en el lugar del encierro hasta que los echan. Es decir, estamos en un enceramiento para mayor lustre de los cesados dirigentes de prisiones, que en ante un encierro de verdad.
En su fidelidad de romper cualquier posibilidad de avance de condiciones laborales, tienen una acreditada tradición de hablar y perder mucho y no firmar nunca nada, utilizan el encierro para “seducir” al nuevo responsable y que les firme un papel del sindicato (el primer gestor de la historia que firma cosas en papeles de sindicato…) de qué va a montar un grupo de trabajo para hablar de retribuciones. Es decir, proponen lo mismo que se acordó ya en la mesa anterior, para seguir haciendo política de partido, mareando la perdiz y que otro año más nos volvamos a quedar sin mejoras laborales.
Y el otro acto escatológico con el que nos han obsequiado es el de manosear hasta la apropiación de la demanda del colectivo penitenciario de reconocimiento de condición de agente de autoridad, propuesto por el PP y apoyado por PSOE y Cs para tratar de ocultar que nos dejaron sin acabar con la brecha salarial, en otra votación contra el personal penitenciario en el Senado.

 El sindicato del partido condenado, se apropia sin pudor y con descaro del trabajo realizado por otras organizaciones sindicales durante años y se pone una medalla de oro y brillantes, también para ocultar su traición al colectivo penitenciario, la firma del indecente protocolo contra agresiones (PEAFA) que como no podía ser de otro modo protege a los mando y responsables de la situación y criminaliza a las víctimas, las trabajadoras penitenciarias, que son a las que nos parten la cara y nos persiguen con él

Ser un sindicato a las órdenes de un partido tiene consecuencias, en este caso es la de hacer el ridículo, proponiendo la apertura de negociaciones, de OEP, sintonizados con el partido y olvidando que la semana pasada ellos mismos se negaron a atender esas reivindicaciones cuando tenían el poder de hacerlo.


Es obvio que todo es filibusterismo sindical buscando arañar votos en una campaña electoral que será larga, sórdida y sobre todo estéril para los intereses de mejoras del colectivo penitenciario que seguiremos perdiendo derechos laborales mientras seguimos votando los mismo y a los mismos que nos engañan una y otra vez.

Pero ya se sabe, somos así, y nos gusta. Todas y todos somos responsables

domingo, 15 de abril de 2018

LA GÜIJA PENITENCIARIA



Empezamos este año las gentes que laboramos en las prisiones con elevadas dosis de serotonina corriendo por nuestras venas, las viejas confrontaciones de familia entre CSIF y ACAIP, quedaban suspendidas temporalmente para abrir una ventana con la que regar sindicalmente los agrietados y secos campos laborales penitenciarios.

La mediación de UGT y CCOO logro el fruto de sentarse a la mesa los cuatro juntos, mirarse a los ojos y acordar un programa de mínimos para pelear por mejoras para todo el personal de las prisiones, acabar con la brecha salarial dentro la SGIP, habilitación como Técnico Superior del Grupo B al personal del C1 y una subida de niveles



Era de mínimos porque ampliar las demandas, además de reducir las ya menguadas fuerzas movilizadoras de las plantillas sin duda haría saltar el inestable equilibrio logrado, aun así se echó en falta alguna autocritica de quienes avalaron el pernicioso “protocolo contra agresiones” o alguna mención a pelear que al menos las tres mil doscientas plazas vacantes presupuestas se cubran para salvar el servicio público de prisiones, sin olvidar, entre otras reivindicaciones más,  la formación tan indispensable en tiempos de masters exprés.

Aun con esa escuálida geografía reivindicativa se pario el acuerdo de 11 de Enero, que a muchas de nosotras nos llenó de esperanza e ilusión tras tantos años guardando silencio, calladas ante tanto atropello en los centros. La esperanza que algo se podía mover para remover ese estado antinatural del mundo del trabajo en las prisiones, una ya no tiene edad para la candidez y sabe diferenciar entre la propaganda de lo virtual y lo posible de la realidad, pero movilizarse, defender derechos y recuperar espacios de dignidad laboral ya me parece un avance, que si se logra aderezar con mejoras laborales condimenta mejor.

La realidad siempre ávida de devorar los sueños de la esperanza y la ilusión, no tuvo reparo en acabar demasiado pronto con los míos.

CSIF antes de la primera actuación potente acordada, la manifestación estatal el 24 de febrero en Madrid; rompe lo que firmó y presenta su propia campaña, en línea con lo defendido desde Moncloa de culpar el Constitucional Estado de las Autonomías de los males laborales, la equiparación con Cataluña.



Esta actuación evidencia, en primer lugar, un burdo intento de debilitar la manifestación programada, y en segundo lugar ir sembrando la división y la confrontación dentro de  las plantillas con el fin de abonar su pasividad ante futuras respuestas para exigir la negociación de las reivindicaciones acordadas.

La manifestación del 24 de Febrero convocada por ACAIP, CCOO y UGT permitiendo a CSIF encabezarla, en otro intento de restablecer el acuerdo firmado, es un punto histórico en los procesos de movilización  realizados en Instituciones Penitenciarias, con el mayor nivel de participación.
A pesar de que las reivindicaciones se expresaron masivamente por las calles de Madrid en defensa del acuerdo del 11 de Enero con la presencia de todos sus firmantes, la estrategia de la división se profundizo en las fechas siguientes a la misma.



Se da la paradoja de quienes dicen defender mayor contundencia en las actuaciones reivindicativas, desaparecen cuando estos actos se materializan, como sucedió en el Dueso y en Alhaurín, donde los paros del personal no contaron con la presencia ni de CSIF, ni de APFP, y tampoco la asociación FPU

La estrategia de la división y de debilitamiento del colectivo penitenciario se manifiesta  en toda su crudeza en la reunión del 3 de Abril con el Secretario General de Instituciones Penitenciarias, donde se materializa formalmente la toma de posición de la Administración respecto a nuestras demandas.

En esa reunión, por un lado CSIF veta la presencia de ACAIP en cualquier tipo de reunión para negociar las reivindicaciones y al mismo tiempo el Sr. Yuste hace una encendida defensa de la propuesta de equiparación con Cataluña presentada por CSIF. La alianza CSIF con la Administración quedaba sellada.

Establecidos los hilos que mecerán la cuna del paciente personal penitenciario, no queda más remedio que continuar con la simulación, en tiempo real y en diferido, los sectores sindicales controlados por CSIF y el Sr. Yuste realizan una sesión literaria en los locales sindicales de algunos centros penitenciarios, para permitirles tener noticias que aparenten su presunta movilización.

El pasado 11 de Abril más de 200 delegadas y delegados se encadenaron durante 12 horas ante la Secretaria General  de Instituciones para exigir el inicio de negociaciones reales sobre lo acordado unitariamente el 11 de Enero. Solo participan UGT, ACAIP y CCOO.



Para contrarrestar los actos reales de movilización, CSIF continua con su movilización real, que permita crear ruido y mucho humo para confundir las plantillas y tapar su dependencia de las órdenes de Yuste en este proceso.

Se inventan referéndum, asambleas minoritarias y todo tipo de zancadillas que impidan continuar el proceso de movilización.

En todas ellas queda en evidencia que su disposición y compromiso con las demandas del colectivo penitenciario son nulas. Lo único que aciertan a sacar de todo estos procesos de recogida de firmas, reuniones y demás, es exigir a los demás que hagan algo, que ellos no parecen querer hacer.

Lo razonable es que si se tiene un proyecto diferente, si se tiene razón, hagan algo en el mundo de lo real, una huelga por ejemplo, donde expliquen porque dejan sin equiparar a colectivos amplios de penitenciarios, como el personal laboral, los panfletos ya no cuentan porque salen de las fotocopiadoras de la Administración, evidentemente no harán nada que les comprometan sus compromisos con la Administración a la que dicen exigir.

En estos momentos solo hay un ganador, es el Sr. Yuste y su Administración que tiene al colectivo penitenciario donde quería, apático, dividido y sin una capacidad efectiva de respuesta. De producirse algún tipo de negociación, probablemente tengan interés en ello, será para dejar caer algunas migajas a cambio de modificaciones sustanciales en funciones, por ejemplo en la segunda actividad, los grupos de intervención y otras cosas de interés de la Administración.

El bloque controlado por CSIF no parece tener muchas expectativas de futuro, nos hay una unión en torno a un proyecto estratégico real, es una unión contra los demás y a favor del Gobierno, donde previsiblemente la peor parte se la llevara APFP que se quedara colgado de la brocha cuando CSIF abandone la reivindicación de la equiparación con Cataluña.

En el otro lado, el que lidera ACAIP con CCOO y UGT,  se atisba demasiada prudencia, hasta temor nos atreveríamos a decir, no parece tener muy claro que las plantillas apoyen con decisión medidas de movilización más intensas, esta situación conlleva que pierdan espacio comunicativo, y que se disperse la estrategia entre los diferentes centros, con ocurrencias de lo más variopintas y donde hay posibilidad de que alguien acabe metiendo la pata.

Sería de agradecer más claridad en cuanto al objetivo de la negociación, como, con quien, cuando dentro del marco legal actual, son cuestiones que las plantillas tenemos derecho a conocer. Estaría bien también más pedagogía y más escuchar a lo que se demanda desde la buena fe de muchas trabajadoras y trabajadores. Y más útil aun contar con un proceso de movilización mejor estructurado, con mayor continuidad y definid en el tiempo.

Cuando alguna pedimos explicaciones, lo hacemos no para atacar esta u otra sigla, sino porque queremos algo más que propaganda, nos los merecemos, nuestras condiciones de vida nos van en ello, no tenemos una alienación tan intensa como puedan pensar quienes ignoran nuestras demandas y nuestras necesidades

La sensación que nos llega a las humildes trabajadoras de a pie es que se fía todo a la labor institucional, sobre todo parlamentaria. La evidencia demuestra sobradamente que n hay aritmética para ese tipo de situación, con lo que poner todos los huevos en esta cesta no parece del todo prudente.

Obviamente no quiero creer, como hay quien señala, que solamente somos peones de otra suerte de juego, el político de los partidos y que rehenes de esa situación se nos usara y tirara cuando corresponda a dichos intereses.

A la vista del teatrillo sindical que padecemos en Instituciones Penitenciarias, todo parece indicar que las estrategias y las decisiones se toman en sesiones de güija donde nuestros iniciados representantes viajan al más allá para encontrar claridad para sus decisiones, pero se van tan al más allá que solo traen oscuridad y sombras.

Para mi sin consultar con el mas allá, solamente con el sentido común de quien tiene que hacer equilibrios con su presupuesto para que a mis hijos no les falte nada de sus necesidades básicas, puedo afirmar sin riesgo a equivoco que no hay ni vía catalana, ni vía alavesa, a lo más si se recupera un poco de seriedad y rigor puede haber mejoras que habrá que valorar a cambio de que las da la Administración

Pues eso, que si no nos espabilamos, y dejamos el teatrillo para volver a la vida real,  nos roban los sueños otro año más.