martes, 14 de julio de 2026

SI SIGUES LA ESTAMPITA TE QUITARÁN LAS 35 HORAS EN PRISIONES

 

Llevamos muchos meses, demasiados, con el personal de prisiones escuchando la cantinela de que nos van a aplicar, al igual que al resto del personal de la Administración General del Estado, la reducción de la jornada anual a 1533 horas o 35 horas semanales en conjunto anual, y seguimos como el primer día trabajando más que el resto de la AGE.

Todos dicen, los sindicatos de las mesas de negociación, los que no están en ellas, y las diferentes administraciones, que nadie va a discriminar a prisiones y que tenemos derecho a las 35 horas igual que todos los demás.

Ya durante la negociación con Función Pública el relato oficial era ese “todos a favor”, pero la negociación estando todos a favor no avanzaba, porque enseguida aparecieron los sesgos de lo que significaba ese a favor para cada uno de los actores.

CSIF en cada reunión traía nuevas propuestas para dilatar el acuerdo y presionar para negociar en la mesa de la AGE las 35 horas para el personal de la local y la autonómica, que les da muchos más votos y liberados que la AGE o prisiones. UGT (no había nadie de prisiones) enredaba con los minutos de “cortesía”, total que nadie tenía prisa en cerrar las 35 horas ni contabilizar su cómputo anual y menos aún establecer a quién afectaba.

En la última reunión de Función Pública, tenía prisa política para que el ministro anunciara la buena nueva y presionaba para que todos firmaran. Fue cuando CCOO condicionó su firma a que se incluyera a todo el personal, también en las prisiones, y se cuantificara expresamente la jornada anual de 1533 horas o 35 semanales en cómputo anual.

Se firmó en esas condiciones y con el condicionante de que en prisiones se debería negociar la adaptación del horario en una negociación en su mesa delegada.

Los gestores penitenciarios dejan pasar el tiempo y largan los plazos, con el silencio complaciente de CSIF y UGT-Acaip, fuera ya del plazo establecido en la resolución de la Secretaría de Estado de la Función Pública.

Se convoca para el 19 de mayo fuera de plazo el GT de Jornada y Horarios, con la instrucción de horario de servicios centrales y Entidad en el orden del día, no así la de servicios periféricos.

CCOO presenta una petición para que se incluyan los servicios periféricos en el orden del día; el silencio de la administración y la falta de iniciativa del resto de organizaciones sindicales dejan fuera los horarios de servicios periféricos.

La Administración defiende su propuesta en la reunión y sale adelante por acatamiento de la mayoría de la parte social.

CCOO parece ser que es la única organización que presenta una propuesta única para todo el personal penitenciario, sobre el mantenimiento del horario actual y la compensación de 15 jornadas de libre disposición. El resto de organizaciones afirman tener propuesta, pero no la presentan y defienden que es mejor para otro día, que se calendaricen las reuniones.

A día de hoy, la realidad se impone a la retórica vacía y manipulativa, al personal penitenciario, sin que nadie explique por qué no se tienen las 35 horas,  ni se demande su resolución, todo ello más allá de panfletos en redes para crear la sensación de que defienden algo en lo que no creen, como demuestra el hecho de acabar pidiendo menos de lo que corresponde a la gente.

La actividad retórica de sus delegados y delegadas en los centros y en las redes explicando que el personal penitenciario ya tiene las 35 horas, que trabajamos menos y que nos dejemos de tonterías, que están intentando que nos den algo, pero no la locura que pide CCOO con el cumplimiento de la resolución.

Todo ello ilustra que la mayoría sindical tiene un cordón umbilical con la Administración en la toma de decisiones por el cual se aplica la  política de los gestores penitenciarios, restrictiva de derechos y mejoras al personal penitenciario, no solo con las 35 horas sino con el resto de las reivindicaciones que comparten por la vía de los hechos la posición de la Administración.

No es útil ni conduce a ningún lado confrontar la realidad con el relato cínico de esas organizaciones que bloquean las demandas del colectivo penitenciario; solo sus afiliadas y afiliados pueden (y deberían) pedirles explicaciones.

Llama también especialmente la atención no solo el entreguismo de la mayoría sindical de la mesa delegada, sino otro hecho singular.

La superior jerárquica de los gestores penitenciarios, en la materia de jornada y horarios, la Secretaría de Estado de la Función Pública, en el desempeño de sus competencias, dicta una resolución en el BOE y desde Instituciones Penitenciarias se incumple y todo parece indicar que se pretende boicotear su aplicación, sin mayores consecuencias ni intervención alguna, que se sepa, del ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública.

A modo de conclusión, deberíamos tener claro que ni la mayoría sindical ni la Administración penitenciaria quieren las 35 horas para el personal de prisiones, por más retórica para confundir que utilicen; los hechos y la realidad son concluyentes y acusatorios.

Por lo tanto, deberíamos tener claro que el personal penitenciario o defiende que el valor de su hora de trabajo se incremente en un 7%, que tenga derecho a las 35 horas semanales con una compensación de 15 jornadas que cada cual pueda disponer para mejorar su conciliación familiar, para hacer menos viajes, para estar menos expuesto a los riesgos laborales y para trabajar en mejores condiciones, mejorando el servicio público.

O lo pierde por seguir la estampita que se mueve en hábiles manos para que se pierdan esos derechos.

Me atrevo a sugerir al único sindicato que defiende esta posición en la mesa de negociación, CCOO, que debería plantearse movilizaciones para demostrar que quitar derechos no sale gratis.

Supongo que son conscientes de que en prisiones no tienen la mayoría necesaria para doblegar el brazo de la coalición de la mayoría sindical y la administración y que eso exige concitar un apoyo transversal en una reivindicación que afecta y mejora la vida de todo el personal de Instituciones Penitenciarias, incluidos los que están en contra.

Buscar el apoyo de toda la plantilla sin siglas en los centros, para que nadie se sienta incómodo o coaccionado defendiendo sus derechos, pelear centro a centro para prolongar en el tiempo la defensa de las 35 horas.

Y no debería tampoco temer buscar alianzas en esos términos concretos con otros actores sindicales que manifiestan defender las 35 horas, pero no están en las mesas de negociación.



Todo ello sin renunciar a la judicialización una vez que se cuente con los elementos necesarios para llevarla a buen término.

Defender el derecho no va de siglas; si perdemos un derecho conseguido y firmado como son las 35 horas, ya sabemos lo que pasará con lo que no tenemos firmado y si se reivindica como la profesión de riesgo y su jubilación anticipada, el organigrama, la carrera horizontal, funciones de jefes y enfermería, etc.

Debemos corresponsabilizarnos todas para que la estampita bajo la cual nos quieren quitar nuestros derechos actuales y los futuros no nos paralice y nuble la razón, hipnotizándonos en un relato contra nuestros intereses de trabajadoras penitenciarias.

Lo que no se defiende se pierde. Es responsabilidad de todas y todos. No vale pretexto para pedir que otros asuman nuestras responsabilidades como trabajadores y trabajadoras de Instituciones Penitenciarias.

O ponemos pie en pared, o esta situación solo será la antesala de nuevas pérdidas de derechos y de empeoramiento de nuestras condiciones laborales con independencia del Gobierno de turno.

miércoles, 17 de junio de 2026

AL FIN, AGENTES DE LA AUTORIDAD. ¿Y AHORA QUÉ?

 

El pasado 11 de junio el pleno del Congreso de los Diputados aprobó por una muy amplia mayoría la modificación del artículo 80 de la Ley Orgánica General Penitenciaria, para el reconocimiento de los funcionarios de prisiones como agentes de la autoridad.

Más allá de la infantil de decrepita lucha sindical de siglas por apropiarse del resultado de la votación, que han decidido con total independencia y de acuerdo a sus interés políticos los grupos políticos del Congreso.

Lucha que pone de relieve el alcance del bagaje de la gestión sindical que concentra toda su propaganda en un tema que hace tiempo es fruta madura y que no sea recogido antes por los juegos de los partidos políticos y el control sobre las reivindicaciones del personal penitenciario  que ejercen los partidos.

Al margen de evidenciar ese secuestro del futuro laboral del personal de prisiones y, de cómo los sindicatos se han convertidos en correas de transmisión de los intereses de partidos y no de la defensa del personal penitenciario. Lo irrefutable es que se pone fin a un anacronismo intolerable y jurídicamente insostenible.

No cabía prolongar durante más tiempo la chirriante situación  de  que, quienes actúan en nombre del Estado, en el cumplimiento de la ejecución penal en las Instituciones Penitenciarias no sean agentes de la autoridad.

El texto acordado cumplimenta los principios básicos de las atribuciones de los agentes de la autoridad, presunción de veracidad, protección jurídica, derecho indemnización, derechos protección integridad en detención o ingresos penal. Asimismo logra un hito muy significativo como es la asimilación del personal laboral a los derechos de protección.



Desde siempre se ha vinculado el reconocimiento de la condición de agente de la autoridad a la lucha contra las agresiones al personal penitenciario y su protección.

Mi impresión es que se ha centrado en esta cuestión la herramienta contralas agresiones, por falta de un conocimiento de las dinámicas y naturaleza que las origina y sobre todo, por un total ausencia de capacidad de presentar alternativas reales más allá de los eslóganes politizados, que en ningún caso afrontan las causas de la pandemia de agresiones.

Una revisión de experiencias similares orientadas a limitar las agresiones al personal por la vía de incrementar las medidas punitivas, no indica una correlación con la disminución de las mismas.

No parece de esperar que este reconocimiento de agentes de la autoridad sea un factor que modifique la tendencia a una elevada tasa de agresiones al personal penitenciario.

El reconocimiento es una medida necesaria y que llega muy, pero muy tarde, pero que va más dirigida que la prestación del servicio no ocasiones daños adicionales al personal penitenciario y por otro dotar del principio de legalidad a las actuaciones de los funcionarios en nombre del Estado.

El reconocimiento de la condición de agente de la autoridad para las funcionarias y funcionarios de Instituciones Penitenciarias es una buena noticia, pero no parece el momento de descorchar el champan como pretenden hacernos creer quienes nos representan, seria necesario acompañar con cambios reales, protección frente a las agresiones, la jubilación anticipada o las 35 horas, entre otras