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miércoles, 17 de noviembre de 2021

LA LEY DE LOS PRESUPUESTOS GENERALES DEL ESTADO 2022, ENTIERRA LA LEY DE CUERPOS PENITENCIARIOS

 La presentación del proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2022 (PGE22) han puesto fin a la quimera de la tan manoseada como “secreta” Ley de Cuerpos Penitenciarios.

Los PGE evidencian, otra vez, que tampoco este año el personal penitenciario es merecedor de modernizar sus condiciones laborales acorde a las funciones encomendadas por al Constitución.

El personal penitenciario ha sido indispensable (a pesar de las resistencias para reconocerlo esencial) durante el momento más crítico de la pandemia, lo sigue siendo a diario en una realidad degradada y hostil que pone en cuestión la propia naturaleza de un servicio público esencial.

Hay que decir la verdad a los trabajadores y trabajadoras penitenciarias, no hay un solo euro en los PGE para una Ley de Cuerpos que adecue las condiciones laborales del personal penitenciario al siglo XXI.

Que no exista ningún compromiso presupuestario con el personal de las prisiones del Ministerio del Interior no significa que se haya reducido el presupuesto y el gasto para las Instituciones Penitenciarias, al contrario, la Secretaria General contara con un 5% más de presupuesto con un 30% menos de reclusos en prisión fruto de excarcelaciones por el COVID y modificaciones legales.

Se va a contar con el mayor presupuesto de la historia, con una plantilla estabilizada con tendencia a la baja a pesar de las cacareadas “multitudinarias” ofertas de empleo, una plantilla que sigue siendo raquítica como demuestra que no se puedan abrir 4.000 celdas para cumplir la LOGP.

A pesar de tan importante crecimiento financiero para gestionar las prisiones, no hay ni un euro parta reconocer al personal, los compromisos, la palabra ante la soberanía popular y todo lo demás son engañifas para mantener al personal tranquilo y sin mejoras. La verdad es que hay dinero sobrante para cubrir todas las reivindicaciones del personal penitenciario, solamente los 67 millones y medio transferidos al lobby de la seguridad privada para cubrir un servicio perfectamente desempeñado por las FCSE, que lo hicieron como mandata la ley, durante los veinte meses que las empresas se negaron en las prisiones del centro.


La Ley de Cuerpos era un proyecto demasiado ambicioso de trasformación integral de las relaciones laborales en las Instituciones Penitenciarias a la realidad actual, pero quedo lastrado de inicio por la interlocución de unos gestores que solo aspiran a poner parches para pervivir en el puesto y que no tenían la menor intención de transformar nada.

No ha sido una cuestión menor, en el desarrollo de los acontecimientos, la personalización de la huelga de prisiones que desde el Ministerio del Interior tiene como una “afrenta”, cuando no es más que el legítimo ejercicio de un derecho constitucional.

Los diferentes actores de la negociación, como no puede ser de otro modo, tienen intereses contrapuestos, que la negociación desde la buena fe debería de resolver, unos vieron su oportunidad por hacerse con toda la gestión de personal y esquinar a Función Pública, una sectorización encubierta. Otros centraban sus intereses en el grupo B, porque entendían que les reportaría más réditos electorales. Y otros pusieron el acento en la reclasificación de centros porque garantizaba una subida general que repercutiría también en el personal laboral donde tienen más presencia.

Al final la administración hizo con su pan lo que le pareció, la mayoría de las cuestiones de los sindicatos no fueron recogidas en su propuesta, y paso lo que tiene que pasar cuando no se gestionan bien las cosas.

La coherencia, la falta de rigor y la madurez de las propuestas determina su ciclo vital. No parece que la Ley de Cuerpos contara con ninguna de las características esenciales para salir adelante, el choque con Función Pública estaba asegurado, sobre todo para el grupo B, que está en proceso de negociación en la Administración General del estado (competencia de Función Pública) pero sobre todo porque generaba importantes disfunciones al propio Ministerio del Interior, donde también se demanda por colectivos mucho más numerosos que dispararían el gasto.

Por otra parte, la memoria financiera y los plazos de ejecución también genera más disfunciones y oposición dentro de la Administración, sobre todo en un contexto inflacionario donde el Gobierno tiene intención de aplicar ajustes, incrementando las retribuciones por debajo del IPC

Este bloqueo debe de ser conocido por el personal, y así deberían de hacerlo quienes estén en la mesa de negociación, lo contrario es una expresión de poco respeto para con el personal a quien se representa y que no entiende como desde el 2018 con promesas y movilizaciones tampoco estos presupuestos existen para ellos, lo mínimo que nos merecemos es la verdad.

Al final se repite la historia, los cambios en prisiones, no llegan solos, o se conquistan o se pierden, la estrategia de ponerse en manos de las “promesas” de los partidos han mostrado que solo sirven para que ellos hagan su juego partidario utilizando al colectivo penitenciario, el Estatuto de prisiones sirvió para eso en el Congreso y Senado y la Ley de Cuerpos valdrá para lo mismo.

La falta de conocimiento, de compromiso y de interés por un sistema penitenciario moderno, queda demostrado en la propuesta de agente de la autoridad que el Gobierno lleva en la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana y que la oposición boicoteara (a pesar de haber dicho que defendían hacernos agentes de la autoridad).


Ya en otra ocasión advertí que la condición de agente de la autoridad era un elemento propagandístico en manos de los políticos, y que con ella tratarían de distraernos de nuestras reivindicaciones. Así ha sido, tienen la desvergüenza de presentar esta propuesta que es necesaria, justificada y útil, como la gran concesión a las reivindicaciones del colectivo, quien piense así hace flaco favor al colectivo, la condición de agente de la autoridad nos la llevan reconociendo los jueces desde hace años en el 97% de las ocasiones y por la parte de las agresiones no tienen el menor impacto sobre las mismas (como acreditan datos de donde si son agentes de autoridad), solo la prevención puede evitarlas. Está bien que se nos reconozca, pero no resuelve nuestras necesidades laborales.

En este estado de cosas la verdad es que quedan pocas alternativas, no hay ley de cuerpos sin presupuestos, cualquier invento será otra ocurrencia para despistarnos.

La única alternativa pasa por conseguir una mejora retributiva con fondos propios de la secretaria o el ministerio, toda vez que parece claro que en los PGE22 no vamos a estar.

Y esa única alternativa solo es posible si logramos vencer la resistencia del Ministerio del Interior, para que no quede duda, si el Ministerio de Interior tiene la NECESIDAD de negociarla, hay dinero para ello, pero nos faltan las fuerzas necesarias, para hacer necesaria la negociación.

Hay que ser claros, no nos van a regalar nada, hay que pelearlo, y hablar de pelearlo no pasa por actos testimoniales o folclóricos, hay que organizarse para un nivel de presión reivindicativa que se sienta en la Castellana, los encierros testimoniales, las pancartas con media docena de sindicalistas o las manifestaciones minoritarias solo son exhibición de debilidad que solo provoca que se nos cierren más puertas.



La presión tiene que ser colectiva y unitaria, de la transversalidad de todas las plantillas y colectivos profesionales penitenciarios con independencia de su relación laboral. Y seamos claros, eso exige de la participación de todas las organizaciones sindicales representativas, Csif, Ugt.Acaip, Ccoo, Cig y Ela, como no puede ser de otro modo, pero también sin ningún género de duda del resto de organizaciones, Tamp, Apfp, Fpu, Uso, deben de estar, impulsando un acuerdo de mínimos para alcanzar una subida retributiva con fondos propios para el 2022.

Todo lo demás, es seguir en el postureo, en la falta de transparencia y en no reconocer la madurez de las plantillas que exigen soluciones para prisiones por encima del narcisismo de las siglas. 

En definitiva, dejar pasar los años en campañas que no aportan ninguna mejora y crean un clima laboral poco saludable, no debería de ser la opción

miércoles, 3 de enero de 2018

¿QUE HACER FRENTE A LA DEGRADACIÓN DEL SERVICIO PUBLICO DE PRISIONES EN ESPAÑA?

El Gobierno de Mariano Rajoy inicio en 2011 una intensa ofensiva contra los servicios públicos y los empleados públicos, con una batería de medidas que permitan vaciar desde dentro los recursos necesarios para el mantenimiento de esos servicios fundamentales.



La batería de medidas ha sido en todos los órdenes, recortes de derechos laborales y de negociación colectiva al personal de los servicios públicos; eliminación de cientos de miles de puestos de trabajo, privatización de servicios, recorte de derechos de los usuarios, y un largo ectra. que han hecho retroceder a España a unos servicios públicos de hace veinte años.

Uno de los paradigmas más evidentes de la ofensiva contra los servicios públicos es el servicio púbico penitenciario en España, por dos razones diferentes, pero complementarias.

Por un lado el evidente objetivo del neoliberalismo, que encarna el Gobierno, por hacer negocio privado con los recursos públicos, su paradigma siempre es el mismo, beneficios privados perdidas públicas, siempre a costa de la misma ciudadanía que financia los servicios públicos y a la que se la priva de la prestación de los mismos.

La segunda razón, es de orden ideológico, y también pragmático,  de las necesidades más perentorias y personales. Es el objetivo de mercantilizar la condena y el cumplimiento de la pena. 

Para el Gobierno y su política el código penal es una herramienta para perseguir a los pobres y la disidencia. social, política o sindical. Pero tampoco es baladí el hecho de que el partido que sostiene al Gobierno este investigado en los tribunales junto a cientos de sus cuadros políticos relacionados con la corrupción que asola al país.

Con ambas razones siempre se podrá solventar, con la pertinente privatización del cumplimiento de la pena, las cuitas con la justicia a un módico precio, que evite ingresos en prisión indeseados o largas estancias dentro.

Es con este escenario de fondo con el que se comienza a degradar y desmantelar el servicio público de prisiones.

Se privatizan servicios dentro y fuera. Se privatiza la seguridad exterior manteniendo a la guardia civil prestando un servicio por el que el holding de la seguridad cobra suculentas facturas manteniendo además a su personal en condiciones laborales tercermundistas.



Se recortan derechos del personal en formación, acción social, 75% de recorte. Se criminaliza el hecho de estar enfermo penalizando las ILT con recortes salariales.

Se implanta, con el firme apoyo de Csif y Ugt,  un presunto plan contra las agresiones (más de 400 anuales), que perpetua las mismas, pero las oculta estadísticamente y sitúa a los agredidos como responsables de las mismas ante cualquier expediente, al tiempo que protege a los responsables de los centros de no aplicar la ley de prevención de riesgos laborales para evitarlas, atendiendo a sus causas y no mirando las consecuencias, sobre todo mediáticas.

Las retribuciones del personal penitenciario han sido reducidas en un 17% desde el inicio de la crisis, con pérdidas reales cada año, incluso en los que ha habido una nominal subida salarial.

Las plantillas de personal penitenciario se han desmantelado, con consecuencias inmediatas, mayor carga de trabajo, más agresiones y menos retribución por aumento carga de trabajo. En estos momentos el déficit oficial de plazas sin cubrir a pesar de estar presupuestadas en sus Rpts y catálogos de puestos es de más de 3.200

Este escenario decadente del servicio público penitenciario alienta a sus gestores a tener cada día más prepotencia ante las plantillas, convirtiendo la negociación colectiva en un acto informativo de sus decisiones, vulnerando la legalidad con el personal como la prolongación de las prácticas muchos meses más allá de lo establecido o el reparto para los mandos de la productividad generada por todas las plantillas.



Esta situación solo pude producirse por la pasividad y autocomplacencia de quienes la padecen y la pagan. La Administración no encuentra resistencias a sus políticas regresivas y el Gobierno sigue apretando el acelerador contra el personal penitenciario.

La realidad de las víctimas de esta política es tan decadente como la situación del servicio penitenciario. No hay ninguna medida que merezca tal nombre de confrontación e intento de cambio de una realidad tan degradada.

Los sindicatos de la plataforma periódicamente nos obsequian, durante años, con una liturgia a la puerta de alguna prisión con media docena de penitentes, sus tan altisonantes y repetidas consignas vacías ante los medios de comunicación.  Ademas lo tienen difícil, entre sus huestes esta Csif que hace una intensa campaña de apoyo soterrado al Gobierno y a sus políticas.

Acaip va por libre, últimamente tiene sus propios espectáculos, más coloristas y mediáticos pero igual de vacíos y sobre todo,  ineficaces para cambiar la realidad que nos somete el Gobierno.

Los outsiders de FPU, que parecían iban a ser un elemento catalizador de la conciencia crítica se han ido transformando en mendicante altavoz de un rancio anti sindicalismo que desde la exigencia de la unidad solo dividen.

Las plantillas están acomodadas y tranquilas, pagan cuotas, en el mejor de los casos, para un abogado o el seguro de la baja y se quejan de que nadie hace nada por ellas, anteponiendo siempre que lo tienen que hacer otros. Se quejan en corrillos y redes, pero salen corriendo de cualquier compromiso como gato de agua escaldada.

Este estado de cosas evidencia que en el teatrillo penitenciario, todo el mundo juega al postureo, a hacer campaña para las elecciones, a ver cuánto pierde el otro, ver si se enrollan los gestores y sacan algo para sí.

Pero sobre las consignas vacías, la retórica y el control gubernamental no se puede cambiar nada.

Hay algunos gritos de que hay que ir a Madrid “a liarla”, pero parecen más comandas de barra de  playa que actos conscientes reivindicativos de un cambio de situación.

Y lo son por una razón, en Madrid, 7000, mejor aún 10000 funcionarios de prisiones no son  nada, quedan diluidos como pintura blanca de pasos de cebra, con algún que otro titular mediático y con las risas convergentes de la calle Alcalá y el Paseo de la Castellana.

La fuerza esta siempre en los centros de trabajo, ahí es donde hay que demostrar que nos molesta de verdad la actual situación, es donde hay que transformar las consignas en hechos, los compromisos en actos y la reivindicación en fuerza.




Si los centros son capaces de responder, la correlación de fuerzas puede cambiar, sino hay ese compromiso efectivo seguiremos en una colorida campaña electoral, de frases vacías, de incapacidad reivindicativa camino de nuestros derechos de 1980

La prueba del algodón, del nivel de exigencia y compromiso con las reivindicaciones está en la Huelga. 

¿Es posible hacer huelga en prisiones?

Rotundamente sí. Siempre y cuando se desarrollen las condiciones necesarias, por ejemplo

    Huelga de un día (inicialmente)

       Reivindicaciones comunes a todos los actores, pocas pero  estratégicas

·         Una huelga de corresponsabilidad entre los que trabajan, libran y hacen huelga

·         Los costes de la huelga se distribuyen entre todo el personal adherido a la misma con independencia de su situación laboral el día de la misma.

·         Información, concienciación y alta participación

Son algunos elementos, parecen cortos, pero ponerse de acuerdo en algo básico por parte de todos ya sería el principal éxito frente a esta Administración, por ello las posiciones maximalistas de todo o nada, solo pueden ser excusas para seguir como hasta ahora, divididos, enfrentados y burlados por una Administración que continúa desmantelando las prisiones para su ulterior privatización.

Invitemos a los actores de este drama a dar un paso al frente, que sus palabras se transformen en actos, toca ver donde esta cada cual de verdad. 

Los preludios no invitan al optimismo el sectarismo de sigla aflora como sarampión del infatilismo reivindicativo que caracteriza el feroz individualismo del colectivo penitenciario.