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miércoles, 17 de junio de 2026

AL FIN, AGENTES DE LA AUTORIDAD. ¿Y AHORA QUÉ?

 

El pasado 11 de junio el pleno del Congreso de los Diputados aprobó por una muy amplia mayoría la modificación del artículo 80 de la Ley Orgánica General Penitenciaria, para el reconocimiento de los funcionarios de prisiones como agentes de la autoridad.

Más allá de la infantil de decrepita lucha sindical de siglas por apropiarse del resultado de la votación, que han decidido con total independencia y de acuerdo a sus interés políticos los grupos políticos del Congreso.

Lucha que pone de relieve el alcance del bagaje de la gestión sindical que concentra toda su propaganda en un tema que hace tiempo es fruta madura y que no sea recogido antes por los juegos de los partidos políticos y el control sobre las reivindicaciones del personal penitenciario  que ejercen los partidos.

Al margen de evidenciar ese secuestro del futuro laboral del personal de prisiones y, de cómo los sindicatos se han convertidos en correas de transmisión de los intereses de partidos y no de la defensa del personal penitenciario. Lo irrefutable es que se pone fin a un anacronismo intolerable y jurídicamente insostenible.

No cabía prolongar durante más tiempo la chirriante situación  de  que, quienes actúan en nombre del Estado, en el cumplimiento de la ejecución penal en las Instituciones Penitenciarias no sean agentes de la autoridad.

El texto acordado cumplimenta los principios básicos de las atribuciones de los agentes de la autoridad, presunción de veracidad, protección jurídica, derecho indemnización, derechos protección integridad en detención o ingresos penal. Asimismo logra un hito muy significativo como es la asimilación del personal laboral a los derechos de protección.



Desde siempre se ha vinculado el reconocimiento de la condición de agente de la autoridad a la lucha contra las agresiones al personal penitenciario y su protección.

Mi impresión es que se ha centrado en esta cuestión la herramienta contralas agresiones, por falta de un conocimiento de las dinámicas y naturaleza que las origina y sobre todo, por un total ausencia de capacidad de presentar alternativas reales más allá de los eslóganes politizados, que en ningún caso afrontan las causas de la pandemia de agresiones.

Una revisión de experiencias similares orientadas a limitar las agresiones al personal por la vía de incrementar las medidas punitivas, no indica una correlación con la disminución de las mismas.

No parece de esperar que este reconocimiento de agentes de la autoridad sea un factor que modifique la tendencia a una elevada tasa de agresiones al personal penitenciario.

El reconocimiento es una medida necesaria y que llega muy, pero muy tarde, pero que va más dirigida que la prestación del servicio no ocasiones daños adicionales al personal penitenciario y por otro dotar del principio de legalidad a las actuaciones de los funcionarios en nombre del Estado.

El reconocimiento de la condición de agente de la autoridad para las funcionarias y funcionarios de Instituciones Penitenciarias es una buena noticia, pero no parece el momento de descorchar el champan como pretenden hacernos creer quienes nos representan, seria necesario acompañar con cambios reales, protección frente a las agresiones, la jubilación anticipada o las 35 horas, entre otras

viernes, 9 de septiembre de 2011

UNA DE LIBERADOS SINDICALES Y SUBVENCIONES

A ninguna se nos escapa que los sindicatos en éste país tras su brillante aportación y sacrificio para la instauración de la democracia  se ha ido deslizando hacia una “institucionalización” que ha ido difuminando las fronteras entre su geografía reivindicativa y luchadora y el espacio anodino del gestor de servicios, su transformación de organización de lucha en empresa de servicios ha creado una espacio para la desconfianza.
No menos cierto es que en el terreno de la realidad de los centros de trabajo se dan todo tipo de circunstancias “adversas” con la que las que la naturaleza humana toma forma, sindicalistas que se aprovechan personalmente de su situación, envidias y confrontaciones personales, descréditos desde la patronal, trabajadores que utilizan la sigla sindical en sus ambiciones o rencillas personales y un largo ectra. de circunstancias que desgastan y difuminan la propia labora del sindicato.
La crisis ha traído un exponencial crecimiento de los expedientes de regulación, de cierres de empresas, en definitiva miles y miles de trabajadoras y trabajadores son expulsados del mercado laboral. Estas situaciones son gestionadas por los sindicatos con un importante desgaste de su imagen y credibilidad.
Por otra parte el nuevo ciclo político a nivel internacional ha abierto las puertas a que ideologías de corte ultraconservador neoliberales se hagan con un importante espacio en la conciencia colectiva, incluidas amplias capas de población asalariada. Esta ideología enmarca en el eje de su estrategia el desmantelamiento sindical como paso necesario para dar rienda suelta a su vorágine en el asalto al Estado como benefactor a sus intereses políticos y económicos.
En la confluencia de estos parámetros no debe de extrañar que los sindicalistas y los sindicatos se hayan convertido en el chivo expiatorio de la creciente frustración social, al ser el elemento “institucional” más cercano y accesible.
Pero aún con los innumerables errores que los burocratizados e institucionalizados sindicatos han cometido, muchos de ellos consecuencia directa del nivel de atonía y falta de exigencia social de sus afiliados. Pues a pesar de estos errores el debilitamiento o la eliminación de los sindicatos representarían un golpe mortal a la capacidad de organización y defensa de trabajadores y clases populares y consecuentemente u mayor retroceso en sus condiciones de vida frente a la insaciable vorágine de los mercados financieros.
Los sindicatos representan en estos momentos en España la última frontera para salvar los muebles del desgastado Estado del Bienestar español, por esa razón no sorprende la campaña mediática de los medios propiedad de esos mercados financieros contra los sindicatos, lo sorprendente es el suicidio social que se genera entre las víctimas de estas políticas que gritan que quieren “más dolor” y jalean el desmantelamiento de los sindicatos. Sorprende más aún, cuando los liberados sindicales “institucionales” (es decir los que son por acuerdo entre las partes) el resto son horas sindicales fruto de la representatividad y elección democrática de cada sindicato) son un número reducido y hablar de subvenciones a los sindicatos es hablar del chocolate del loro de las subvenciones en el país. Más aún cuando la legislación española impone el derecho y el deber de representación de todos los trabajadores los sindicatos ESTE O NO ESTEN AFILIADOS, es decir un número muy importante de trabajadores y trabadoras se benefician de la actividad sindical sin contribuir al sostenimiento de su actividad.
Pero no creo que este ahí la razón de esta caza de brujas contra el sindicalista, basta echar un vistazo a otras instituciones, las patronales reciben muchas más subvenciones y nadie las cuestiona, la iglesia católica supera en más de 50 veces las subvenciones sindicales y miles de millones se reparten entre algunas decenas de presuntas ongs y fundaciones si apenas control. Y de liberados es mejor no hablar, porque los apóstoles de esta cruzada son los que más se caracterizan por colocar más liberados afines en sus gobiernos, como por ejemplo Esperanza Aguirre que cuenta con 1.521 asesores, (al margen de los puestos de confianza y libre designación entre el funcionariado). O la Junta de Andalucía que cuenta en iguales circunstancias 1.556 asesores. De alcaldes y ayuntamientos mejor ni hablar.
¿Entonces porque los sindicatos y los sindicalistas? Siendo los que menos participan de estos gastos en los presupuestos son los que sin duda mayor desgaste social tienen. Posiblemente estamos ante fenómenos de psicología social, la idea de que los que no tienen empleo, los que lo pierden, los que están en precario, los que están explotados, los que pierden su piso, lo que no pueden pagar su segunda residencia, los que han perdido sus pequeños ahorros en la bolsa, los jóvenes que no encuentran hueco en el paraíso, han hecho suya la idea de que ello es posible porque quienes les representan miran hacia otro lado porque son cómplices “comprados”
No menos cierto es que los sindicatos han promovido numerosas actuaciones contra este estado de cosas que provocan las crisis, pero con un seguimiento desigual y siempre con un sentimiento de derrota que ha impedido articular una respuesta social de entidad frente a los recortes y la pérdida de derechos. Esta falta de credibilidad social de los sindicatos es un hándicap de futuro muy importante que les debería de empujar con celeridad a reflexionar, y apoyar estrategias regeneradoras, de adaptación a una nueva realidad social y económica y con propuestas alternativas ilusionantes y incardinadas en su actividad real diaria que les hagan creíbles ante su base social

martes, 16 de agosto de 2011

¿HAY SECTOR DE PRISIONES AL FINAL DEL TUNEL?

Hay colectivos dentro del mundillo sindical penitenciario que fijan todas sus respuestas y expectativas, al declive de nuestras condiciones laborales, a poder cambiar las reglas del juego sindical, es decir afirman que si lográsemos tener un “ámbito propio” todos nuestros problemas se acabarían: no habría más agresiones, no faltaría personal en las prisiones, los directores dejarían de ser pequeños caciques en sus reinos de taifas, no nos rebajarían el sueldo, habría menos presos en los módulos, tendríamos unos cuidados de salud laboral exquisitos, y nuestros horarios se acortarían y serian mejores, por no hablar de una jubilación anticipada, por ejemplo a los 57. Para estos logros parece que la sectorización es una condición básica dentro de este discurso
Hay que reconocer que parece goloso, “lo nuestro para nosotros”, suena bien, es una consigna lograda, recuerda a otras precedentes, vamos algo así, como cuando se nos dijo lo del sindicato de vigilancia…bueno de funcionarios de prisiones…bueno de empleados penitenciarios…bueno sindicato confederal, bueno al final parece que “lo nuestro” suele ser bastante elástico y como si chicle se tratase acaba bastante manoseado. Pero  es una idea que puede resultar atractiva, tanto que la segunda marca sindical de quienes promovieron esta idea, la hace suya en una campaña reciente y que yo sepa  el “sindicato de prisiones” tampoco ha renunciado a ello
Más allá de “nosotros y lo nuestro” de las apelaciones a los instintos, ¿existe algún tipo de elaboración tras la consigna de la sectorización, algo que permita otear un horizonte menos malo para los funcionarios y funcionarias de prisiones?
Toda consigna tiene que ser pegadiza, maleable y que conecte con lo atávico e interior de a quién va dirigida, la sectorización, el sector, reúne esas características, son muchas las compañeras y compañeras que honestamente creen que las cosas nos irían mejor si nos cociéramos en nuestra propia salsa, pero que si le dedican dos minutos a la idea, se observa que no hay demasiada elaboración tras la consigna, se ignora el presente, desconocen el marco actual y su normativa, y  no proyectan una propuesta para el futuro, no hay luz sobre qué tipo de sector se promueve. Todo parece más algo más de mercadotecnia que de programa sindical.
¿Estamos hablando de un sector que defina solamente la unidad electoral en el marco de prisiones? ¿O lo que se nos propone es tener un ámbito de negociación autónomo y especifico? ¿O hablamos de una regulación funcional, orgánica y normativa propia en el marco del EBEP?
En el caso del planteamiento de la unidad electoral propia, la única modificación posible sobre la situación actual, sería un cambio en las correlaciones de fuerza sindicales, pero con los mismos actores actuales que no saben encontrar respuesta a nuestros problemas. Diferentes pesos pero la misma incompetencia.
En el caso de que se busque un ámbito de negociación propio, éste ya existe, en la mesa delegada, que tiene toda la autonomía que permiten los presupuestos y que tampoco parece servir como instrumento para nuestros problemas, ni con el “sindicato de prisiones” dentro, ni con él fuera
Y finalmente la opción de un marco jurídico nuevo, parece que llega con retraso, a quien plantea eso se le ha escapado el tren, no estaba donde debiera de estar cuando eso se decidía,  el EBEP ya esta promulgado y definido como ley orgánica y tras necesitar más de 25 años que saliera algo como esa ley, parece impensable considerar, como idea tan siquiera, que se procedería a una nueva modificación parlamentaria de algo recientemente aprobado y que contaría  con la oposición de los sindicatos mayoritarios.
Si al final las opciones son reducidas y meramente instrumentales, parece que no van más allá de satisfacer, legítimos, pero meros intereses corporativos de grupos sindicales. Entonces ¿Sirve el sector para el personal de prisiones?
Qué duda cabe que el hecho de que se planteé ese escenario  y el propio debate pone con un cierto peso mediático al colectivo y puede hacer visualizar mejor sus necesidades.
Pero hay que ser muy ingenuo para pensar que cuanto más local y más pequeño mejor se pueden gestionar nuestras reivindicaciones, la realidad impone que eso no sucede así en la dialéctica social, política y sindical. En lo local solo se da la atomización, crece la mediocridad y se aleja a la gente de la toma real de decisiones.
El mundo actual enfrentado a la globalización económica, y donde la política ha perdido peso en la toma de decisiones y la democracia se debilita, parece que esta opción de menguar traería bastantes problemas.
Asistimos cada día a como políticos de los que no suben impuestos (para que haya menos Estado), quitan recursos a la protección de los socialmente más débiles, despiden personal público y recortan sus retribuciones. También tenemos los políticos del progreso y la modernidad que facilitan el despido libre, incumplen los acuerdos, mortifican pensionistas y desmontan estados de bienestar y también acosan y recortan al funcionariado.
Pero ni unos ni otros gobiernan, solo son los voceros que nos “comunican” y ejecutan las ordenes que reciben, no las de sus votantes o programas electorales, sino las de los llamados mercados y entes supranacionales del capital financiero internacional como el FMI, que les dicen cuantos funcionarios sobran, cuanto debemos cobrar y si las prisiones pueden ser públicas o privadas si dan beneficios, entre otras muchas cosas.
Pensar en ser más pequeños y más débiles para hacer frente a fuerzas cada día más poderosas, o es intencional y entonces cuando menos hablamos de mala fe y de manipulación del colectivo, o es ignorancia y estaríamos ante el suicidio o la temeridad, ó pudiera ser simplemente catetismo aldeano que prefiere ser cabeza de lombriz antes que cabeza de león.
Todo lo que sea fraccionar, el sector fracciona, divide y resta, nos debilita, y hará que el túnel sea más largo, más oscuro y salgamos de él con menos derechos, mas carga de trabajo y más años en los talegos



miércoles, 6 de abril de 2011

¿Por qué se paga sobresueldo al personal sanitario?

Si, efectivamente, hablamos de sobresueldo, y lo decimos porque fruto de una organización del trabajo muy deficiente e interesada, se están produciendo en II.PP. un sin número de guardias sanitarias que se pagan como trabajo extraordinario,supuestamente para cubrir la atención médica las 24 horas, y todo ello dentro del capítulo de la productividad.
Resulta curioso que cuando el resto del personal penitenciario cuando debe de prestar su servicio por encima del horario establecido la compensación se efectúa en tiempo, conforme a la legislación vigente, a un grupo del personal penitenciario, los sanitarios, bueno más exactamente, los médicos y ATS, se les compensa ese aumento de sus horas de trabajo de un modo económico y no en tiempo como marca la norma. ¿Porqué?, ¿hay diferentes tipos de funcionarios?
La primera cuestión que se nos ocurre es que si es necesario organizar el trabajo del modo que lo tienen montado, entre la Administración y sanitarios con el silencio sindical de palmeros de fondo, las guardias en dinero, por repartir metadona más tiempo libre y no exactamente el 1 x 1 de la norma. Pensemos por un momento en organizar el servicio como el personal de vigilancia, a turnos, los más acordes y negociados (hay muchas formulas de turnos) a la prestación del servicio sanitario que debe de darse las 24 horas, se suprimirían de un plumazo las guardias (o en más de un 90% sólo se arian las que por necesidades del servicio se soçbrevinieran y no planificadamente como ahora), menos horas, menos fatiga y estrés laboral para estos compañeros y menos gasto para los ciudadanos. En principio todos contentos
No entendemos cuando nos dicen que no tienen dinero para la productividad, se estén abonando casi nueve millones de euros en pagar guardias de médicos y ats que son perfectamente prescindibles si se organiza el trabajo de otra forma.
Nos contestaran que no puede prestarse el servicio en turnos, porque es muy especifico, que si los horarios con los hospitales, que si la carga de trabajo, que si…., pero al final lo que esta claro es que el orden de los factores no altera el producto, con turnos siempre habría personal las 24 horas y no serian necesario recurrir a trabajo extraordinario aumentando su carga de horas injustificadamente.
Con los argumentos que dan los médicos y ats, también podemos aplicarlos al resto de personal, ¿por qué tiene que hacer turnos el otro personal?, por ejemplo el de vigilancia, que venga de tarde o mañana, y por venir de noche o los fines de semana, o los festivos que les paguen. Es otra posibilidad, poco realista porque el gasto se dispararía, pero sería igualitaria y acabaría con privilegios como este.
Cuando nos están recortando los dineros por todas las partes, que se gasten nueve millones de euros en algo que simplemente cambiando la organización se ahorra, es un dispendio y derroche más, propio de esta administración.
No se puede seguir tirando el dinero, hay que administrar mejor lo que hay, como dicen nuestros máximos jefes, pues que se empiecen a aplicar el cuento y no sóplo lo utilicen para recortar salarios, personal o derechos sociales.


sábado, 19 de marzo de 2011

El mito del grupo “B” para el Cuerpo de Ayudantes

Un mito (del griego μῦθος, mythos, «relato», «cuento») es un relato tradicional que refiere acontecimientos prodigiosos, protagonizados por seres sobrenaturales o extraordinarios, tales como dioses, semidioses, héroes o monstruos.
En el caso que nos ocupa, nuestros héroes, vienen encarnados en las figuras dúctiles de nuestros sindicatos de prisiones que emergen desde la oscuridad de nuestra ignorancia para erigirse en una fuente de significados y aprendizajes capaces de guiar la vida de los colectivos  y los diversos individuos que constituimos el magma laboral en las prisiones españolas.
Primero fueron los de CCOO erigidos en demiurgos impulsores del nuevo sueño, y efectivamente se aplicaron con la intensidad y tesón de quienes buscan su sitio en el difícil mundo sindical de prisiones, demandando de todos que les firmáramos una solicitud en el sentido de promover nuestro pase al nuevo grupo del Estatuto Básico. Dicen que presentaron más de 7.000 firmas de esas a Función Pública (sólo 7.000, menos del 50% del colectivo afectado, espero que sea porque no llegaron a más y no porque no estén de acuerdo el otro 50%) y también dicen que hay buena disposición, de nuestra natural indispuesta Administración, a incorporar el teme en el horizonte del Estatuto de la AGE (si ese, el que ya debería de estar en vigor)
Después, ya cercanas las elecciones sindicales, la naturaleza camaleónica de los de Acaip, perdón USO-Acaip, vieron una veta electoral digna de sus piruetas sindicales y arrebató la bandera del “B” al rojerío irredento y sin tiempo ni para cambiar su color la llevo a la primera plana de sus panfletos peticionarios de votos y fidelidades eternas.  Y tanto a iniciados como profanos nos han deleitado con su música electoral recordándonos que ya “teníamos” el “B” que ellos lo tenían negociado (pero no plañían que los habían echado de negociar, ¿Dónde negociaron?, por la certeza de su afirmación, no hay duda que en alguna tasca).
Como el mercado no puede quedarse así, con tan mermada competencia para tan gran sueño, rápidamente los de UGT y la irreductible verbalización de CSIF, también se sumaron al coro, por si acaso supongo. Y en esas nos vemos envueltos en unas movilizaciones virtuales y de papel (cuanto papel devoramos en prisiones, ¿porque odiamos a los árboles?) dirigidas por una anoréxica plataforma sindical que dirige, bueno realmente lanzan, en verdad casi arrojan,  consignas en sordina, una respuesta sindical a la que el pueblo penitenciario hacemos como que las escuchamos entre cafelito y cafelito.
Las elecciones van pasando, todos ganan, nosotros también, algún bolígrafo he pillado, y una se entera que lo del “b” ya no es tan urgente, ni esta tan negociado, ni nada de nada. En la última reunión de la plataforma sindical con la Administración, (17.03.2011) ningún sindicato recordó lo del “b”, cuanta tristeza nos embarga a los que firmamos el manifiesto de los 7.000, yo di entusiásticamente mi el voto a quienes con la habilidad del Lazarillo negociaron en “tascas patibularias” que tuviéramos entrada en el grupo B (casi suena a un fin místico, como entrar en el cielo si somos buenos y seguimos sus liturgias – yo las seguí, lo prometo-)
Los mayoritarios-que no mayores-, ante mi escepticismo preguntón me dicen que tenga fe, que “ya está casi hecho” que un poco más y veré la luz, pero luego me entero por otros (que son socios de plataforma pero no les hablan) que el máximo jefe haciendo gala del pragmatismo del sálvese quien pueda, ya tiene previsto mudar la piel del “b” y del mismo modo que decían que los cursos eran malos si ellos no los daban y se convirtieron en buenos cuando los dan, no explicara que en cuanto "esto cambie", ya esta, el “b” es nuestro. Ya me veo en las próximas elecciones votándoles porque me tendrán el “b” listo.
De este modo, en el mágico y onírico mundo sindical de prisiones, volvemos a ser presentes  y testigos de una transmutación más, lo que era el mito de un sueño, de un objetivo por el que luchar, el que se reconociese nuestra especialización profesional polifacética, con nuestra inclusión en un grupo creado para reconocer esa superior preparación laboral, se ha quedado en un cuento, otro nuevo cuento chino (¿que nos habrán hecho los chinos para que les endosemos todos nuestros marrones?).
A pesar de todo yo estoy contenta, mi boli aún escribe, y el (los) cafelito hoy han salido impresionantes, con toda su cremita.