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miércoles, 3 de enero de 2018

¿QUE HACER FRENTE A LA DEGRADACIÓN DEL SERVICIO PUBLICO DE PRISIONES EN ESPAÑA?

El Gobierno de Mariano Rajoy inicio en 2011 una intensa ofensiva contra los servicios públicos y los empleados públicos, con una batería de medidas que permitan vaciar desde dentro los recursos necesarios para el mantenimiento de esos servicios fundamentales.



La batería de medidas ha sido en todos los órdenes, recortes de derechos laborales y de negociación colectiva al personal de los servicios públicos; eliminación de cientos de miles de puestos de trabajo, privatización de servicios, recorte de derechos de los usuarios, y un largo ectra. que han hecho retroceder a España a unos servicios públicos de hace veinte años.

Uno de los paradigmas más evidentes de la ofensiva contra los servicios públicos es el servicio púbico penitenciario en España, por dos razones diferentes, pero complementarias.

Por un lado el evidente objetivo del neoliberalismo, que encarna el Gobierno, por hacer negocio privado con los recursos públicos, su paradigma siempre es el mismo, beneficios privados perdidas públicas, siempre a costa de la misma ciudadanía que financia los servicios públicos y a la que se la priva de la prestación de los mismos.

La segunda razón, es de orden ideológico, y también pragmático,  de las necesidades más perentorias y personales. Es el objetivo de mercantilizar la condena y el cumplimiento de la pena. 

Para el Gobierno y su política el código penal es una herramienta para perseguir a los pobres y la disidencia. social, política o sindical. Pero tampoco es baladí el hecho de que el partido que sostiene al Gobierno este investigado en los tribunales junto a cientos de sus cuadros políticos relacionados con la corrupción que asola al país.

Con ambas razones siempre se podrá solventar, con la pertinente privatización del cumplimiento de la pena, las cuitas con la justicia a un módico precio, que evite ingresos en prisión indeseados o largas estancias dentro.

Es con este escenario de fondo con el que se comienza a degradar y desmantelar el servicio público de prisiones.

Se privatizan servicios dentro y fuera. Se privatiza la seguridad exterior manteniendo a la guardia civil prestando un servicio por el que el holding de la seguridad cobra suculentas facturas manteniendo además a su personal en condiciones laborales tercermundistas.



Se recortan derechos del personal en formación, acción social, 75% de recorte. Se criminaliza el hecho de estar enfermo penalizando las ILT con recortes salariales.

Se implanta, con el firme apoyo de Csif y Ugt,  un presunto plan contra las agresiones (más de 400 anuales), que perpetua las mismas, pero las oculta estadísticamente y sitúa a los agredidos como responsables de las mismas ante cualquier expediente, al tiempo que protege a los responsables de los centros de no aplicar la ley de prevención de riesgos laborales para evitarlas, atendiendo a sus causas y no mirando las consecuencias, sobre todo mediáticas.

Las retribuciones del personal penitenciario han sido reducidas en un 17% desde el inicio de la crisis, con pérdidas reales cada año, incluso en los que ha habido una nominal subida salarial.

Las plantillas de personal penitenciario se han desmantelado, con consecuencias inmediatas, mayor carga de trabajo, más agresiones y menos retribución por aumento carga de trabajo. En estos momentos el déficit oficial de plazas sin cubrir a pesar de estar presupuestadas en sus Rpts y catálogos de puestos es de más de 3.200

Este escenario decadente del servicio público penitenciario alienta a sus gestores a tener cada día más prepotencia ante las plantillas, convirtiendo la negociación colectiva en un acto informativo de sus decisiones, vulnerando la legalidad con el personal como la prolongación de las prácticas muchos meses más allá de lo establecido o el reparto para los mandos de la productividad generada por todas las plantillas.



Esta situación solo pude producirse por la pasividad y autocomplacencia de quienes la padecen y la pagan. La Administración no encuentra resistencias a sus políticas regresivas y el Gobierno sigue apretando el acelerador contra el personal penitenciario.

La realidad de las víctimas de esta política es tan decadente como la situación del servicio penitenciario. No hay ninguna medida que merezca tal nombre de confrontación e intento de cambio de una realidad tan degradada.

Los sindicatos de la plataforma periódicamente nos obsequian, durante años, con una liturgia a la puerta de alguna prisión con media docena de penitentes, sus tan altisonantes y repetidas consignas vacías ante los medios de comunicación.  Ademas lo tienen difícil, entre sus huestes esta Csif que hace una intensa campaña de apoyo soterrado al Gobierno y a sus políticas.

Acaip va por libre, últimamente tiene sus propios espectáculos, más coloristas y mediáticos pero igual de vacíos y sobre todo,  ineficaces para cambiar la realidad que nos somete el Gobierno.

Los outsiders de FPU, que parecían iban a ser un elemento catalizador de la conciencia crítica se han ido transformando en mendicante altavoz de un rancio anti sindicalismo que desde la exigencia de la unidad solo dividen.

Las plantillas están acomodadas y tranquilas, pagan cuotas, en el mejor de los casos, para un abogado o el seguro de la baja y se quejan de que nadie hace nada por ellas, anteponiendo siempre que lo tienen que hacer otros. Se quejan en corrillos y redes, pero salen corriendo de cualquier compromiso como gato de agua escaldada.

Este estado de cosas evidencia que en el teatrillo penitenciario, todo el mundo juega al postureo, a hacer campaña para las elecciones, a ver cuánto pierde el otro, ver si se enrollan los gestores y sacan algo para sí.

Pero sobre las consignas vacías, la retórica y el control gubernamental no se puede cambiar nada.

Hay algunos gritos de que hay que ir a Madrid “a liarla”, pero parecen más comandas de barra de  playa que actos conscientes reivindicativos de un cambio de situación.

Y lo son por una razón, en Madrid, 7000, mejor aún 10000 funcionarios de prisiones no son  nada, quedan diluidos como pintura blanca de pasos de cebra, con algún que otro titular mediático y con las risas convergentes de la calle Alcalá y el Paseo de la Castellana.

La fuerza esta siempre en los centros de trabajo, ahí es donde hay que demostrar que nos molesta de verdad la actual situación, es donde hay que transformar las consignas en hechos, los compromisos en actos y la reivindicación en fuerza.




Si los centros son capaces de responder, la correlación de fuerzas puede cambiar, sino hay ese compromiso efectivo seguiremos en una colorida campaña electoral, de frases vacías, de incapacidad reivindicativa camino de nuestros derechos de 1980

La prueba del algodón, del nivel de exigencia y compromiso con las reivindicaciones está en la Huelga. 

¿Es posible hacer huelga en prisiones?

Rotundamente sí. Siempre y cuando se desarrollen las condiciones necesarias, por ejemplo

    Huelga de un día (inicialmente)

       Reivindicaciones comunes a todos los actores, pocas pero  estratégicas

·         Una huelga de corresponsabilidad entre los que trabajan, libran y hacen huelga

·         Los costes de la huelga se distribuyen entre todo el personal adherido a la misma con independencia de su situación laboral el día de la misma.

·         Información, concienciación y alta participación

Son algunos elementos, parecen cortos, pero ponerse de acuerdo en algo básico por parte de todos ya sería el principal éxito frente a esta Administración, por ello las posiciones maximalistas de todo o nada, solo pueden ser excusas para seguir como hasta ahora, divididos, enfrentados y burlados por una Administración que continúa desmantelando las prisiones para su ulterior privatización.

Invitemos a los actores de este drama a dar un paso al frente, que sus palabras se transformen en actos, toca ver donde esta cada cual de verdad. 

Los preludios no invitan al optimismo el sectarismo de sigla aflora como sarampión del infatilismo reivindicativo que caracteriza el feroz individualismo del colectivo penitenciario.




martes, 31 de diciembre de 2013

UN FUNCIONARIO EN LA CORTE DE LA PRIVATIZACION

Erase que se era un país en el cada vez que salía el Sol, sus ciudadanos recibían la dorada bendición que multiplicaba los panes y los peces, las clases sociales habían sido abolidas por el vellocino de oro y la riqueza lo inundaba todo, se sembraban de pisos y chalets los inútiles espacios plagados de centenarios árboles, crecían atalayas que extendían su sombra sobre al azul marino. Las arterias de ese cuerpo nuevo y pleno de vida crecían sin cesar, creando más riqueza  y desplazando  toda esa felicidad a lo ancho de la patria, sonriente tras los ahumados cristales del último modelo de automóvil, o de la difuminada mirada desde el cristal del tren de alta velocidad o ya cansino desde el embarque de los más modernos y caseros aeropuertos.

La democracia, las luchas de los trabajadores, el espíritu de sacrificio político de la transición, o el propio designo de los dioses ignominiosos del capital había elegido a ese viejo pueblo sureño para asaltar la modernidad tras la siesta, regando de puro capitalismo popular hasta el último de los sueños de sus habitantes, suprimiendo a golpe de ensoñación y vanidad, los trabajadores, los funcionarios y todos los demás asalariados envilecidos por el trabajo.

Sin clases sociales, sin trabajadores, solo con la riqueza que se multiplicaba por si misma sin cesar. Las importaciones crecieron al mismo ritmo que la felicidad de los pobladores de tan idílica patria, llegaban todas las modernidades, todas las delicatessen, todas las tecnologías. Pero sobre todo se importaban trabajadores y trabajadoras, para que se envilecieran cuidando de los naturales en el país que deserto del trabajo, llenando de trabajo, sus propios sueños por una vida mejor.

El escaparate lucia las mejores galas, entre coloridas luces de neón a plena potencia, mientras los ojos del resto del pequeño mundo se quedaban pasmados ante fortuna y todo el esplendor desplegado por la camada nacional de nuevos ricos de aquel recóndito y viejo territorio del sur de Europa ajado de historia, muerte y sueños.

La deslumbrante felicidad lo llenaba todo, bueno casi todo, quedaban las enormes masas de brazos adquiridos en miles de vuelos, o al vaivén de una patera, que no comprendían que tenían que integrarse en la generosa nación que loas acogía, y solo podían hacerlo si con sus miserables sueldos, con los que apagaban el hambre de los suyos en lejanas tierras, encendían también el escaparate de sus vidas y los devoraban en el supermercado del crédito para también ser propietarios y abandonar el designio del malévolo trabajo que los había traído hasta nosotros.

Junto a ellos, tampoco tenía luz ni escaparate, un hombrecillo de modales serenos, acompasados movimientos y generosa actividad. Era el funcionario de palacio, nadie sabía cómo se llamaba, todo el mundo le gritaba socarronamente al saludarlo funcionario, si se sabía que era como un museo viviente, vestigio de otros tiempos en los que había un Estado y él se ocupaba de dar servicios públicos que eran para todos y no para los que los pudieran pagar.

Él, cuando los funcionarios se sumieron a la moda de encender las luces de sus vidas y navegar por la cresta de la riqueza que todo inundaba, renunció a dejar de ser el humilde funcionario que lucho por su plaza entre miles de otros que también querían serlo, o tal vez simplemente no pudo abandonar su condición, porque no pudo sin más, tampoco molestaba a nadie, así que para que saberlo. Nadie sabía muy bien a que se dedicaba, nunca se supo muy bien para que servían los funcionarios, son grises y mediocres, incluso algo taimados, pero ahora ya nada era público el que necesitaba un servicio lo pagaba y si no lo podía pagar no era digno de vivir en el país del esplendor. El funcionario era una nebulosa de la historia

Una mañana el diario que colgaba bajo el brazo del funcionario advertía que se había decretado la crisis en el país del otro lado del charco, pero los comentarios resaltaban como acá seguía brillando la luz y la felicidad, estos americanos estaban locos, mírate que dejarse engañar con las “subprime”, si ya se les notaba que eran todo apariencia, están en decadencia, mientras tanto nosotros cabalgamos desbocados hacia el futuro.

Otra mañana pocos meses después los desayunos se entrecortaban con la cantinela repetitiva de radios y televisiones, la recesión había llegado a Europa, se había frenado el crecimiento, se gastaba demasiado y los bancos no tenían suficiente dinero. Pero nosotros seguíamos encendiendo cada día con más luces el escaparate de nuestras vidas, y miramos recelosos la pausada rutina del gris funcionario que mecánicamente acudía a su puesto.

Un frío día de primavera desde el Gobierno, que nos había encendido el alma para asaltar el futuro y la modernidad, se nos decreta que queda suprimida la luz en nuestros escaparates, que debemos los gastos desaforado y que los humildes empresarios que nos habían financiado nuestra barbarie quieren su dinero.

Las viviendas se vaciaron y quedaron para los bancos que las vendieron a los locos americanos y los no menos locos rusos. La enseñanza se declaró artículo de lujo y propio de la nobleza de sangre, se necesitaba un certificado de un fondo de inversión o del consejo del banco, para que los infantes pudieran acudir a estudiar.  La sanidad asumió la responsabilidad que el Gobierno le mandato y comenzó a desarrollar programas para que los más débiles, inútiles o faltos de utilidad productiva no viviesen demasiado. Las pensiones su suprimieron, un país moderno no podía mantener a millones de haraganes paseando por sus calles. La religión privatizo el cuerpo de las mujeres y lo puso a parir para que el país creciese con el aporte de más mano de obra joven.  Se implantaron leyes contra los marginales que protestaban porque la riqueza hubiera desparecido en los bolsillos de la minoría de la casta anónima. Finalmente se abolió la siesta

Cuando ya no había luz en el país, cuando los escaparates de nuestras vidas se sentían huecos y cuando el Estado no existía para asistir a los ciudadanos, porque ya no quedaban ciudadanos, solo esclavos y por tanto no se necesitaba de servicio público alguno, ni de funcionarios que los gestionasen….alguien recordó que había un viejo y taimado funcionario, que aún acudía a su puesto cada día en la Corte de la Privatización.

Reunido el consejo de los anónimos gobernantes decreto que la crisis había sido provocada porque nadie se había preocupado de aquel funcionario, del gasto que obligaba para todos y del riesgo que representaba su conducta honesta para con su ejemplaridad corromper al país. Se acordó que como responsable de la crisis debería de pagar por ello.

A la mañana siguiente se le comunica  del delito cometido y que sería ajusticiado por ello, nada más ponerle en antecedentes es detenido y llevado a la plaza de la Concordia dentro del Palacio de la Corte de la Privatización y con los leños recogidos por los esclavos del departamento de parques y la dirección de algunos sumisos del departamento de fuegos, fue consumido bajo el fuego purificador, mientras se retransmitía a todo el país por televisión la decisión del Gobierno de tomar las riendas de la lucha contra los responsables de la crisis. 

Todos los esclavos del país contemplaron gozosos como se había hecho justicia, y al fin de nuevo todo recuperaría su esplendor, cuentan que  no se recuerda un día con tanta producción como aquel en los anales del rico país del sur de la vieja madre Europa


viernes, 9 de septiembre de 2011

UNA DE LIBERADOS SINDICALES Y SUBVENCIONES

A ninguna se nos escapa que los sindicatos en éste país tras su brillante aportación y sacrificio para la instauración de la democracia  se ha ido deslizando hacia una “institucionalización” que ha ido difuminando las fronteras entre su geografía reivindicativa y luchadora y el espacio anodino del gestor de servicios, su transformación de organización de lucha en empresa de servicios ha creado una espacio para la desconfianza.
No menos cierto es que en el terreno de la realidad de los centros de trabajo se dan todo tipo de circunstancias “adversas” con la que las que la naturaleza humana toma forma, sindicalistas que se aprovechan personalmente de su situación, envidias y confrontaciones personales, descréditos desde la patronal, trabajadores que utilizan la sigla sindical en sus ambiciones o rencillas personales y un largo ectra. de circunstancias que desgastan y difuminan la propia labora del sindicato.
La crisis ha traído un exponencial crecimiento de los expedientes de regulación, de cierres de empresas, en definitiva miles y miles de trabajadoras y trabajadores son expulsados del mercado laboral. Estas situaciones son gestionadas por los sindicatos con un importante desgaste de su imagen y credibilidad.
Por otra parte el nuevo ciclo político a nivel internacional ha abierto las puertas a que ideologías de corte ultraconservador neoliberales se hagan con un importante espacio en la conciencia colectiva, incluidas amplias capas de población asalariada. Esta ideología enmarca en el eje de su estrategia el desmantelamiento sindical como paso necesario para dar rienda suelta a su vorágine en el asalto al Estado como benefactor a sus intereses políticos y económicos.
En la confluencia de estos parámetros no debe de extrañar que los sindicalistas y los sindicatos se hayan convertido en el chivo expiatorio de la creciente frustración social, al ser el elemento “institucional” más cercano y accesible.
Pero aún con los innumerables errores que los burocratizados e institucionalizados sindicatos han cometido, muchos de ellos consecuencia directa del nivel de atonía y falta de exigencia social de sus afiliados. Pues a pesar de estos errores el debilitamiento o la eliminación de los sindicatos representarían un golpe mortal a la capacidad de organización y defensa de trabajadores y clases populares y consecuentemente u mayor retroceso en sus condiciones de vida frente a la insaciable vorágine de los mercados financieros.
Los sindicatos representan en estos momentos en España la última frontera para salvar los muebles del desgastado Estado del Bienestar español, por esa razón no sorprende la campaña mediática de los medios propiedad de esos mercados financieros contra los sindicatos, lo sorprendente es el suicidio social que se genera entre las víctimas de estas políticas que gritan que quieren “más dolor” y jalean el desmantelamiento de los sindicatos. Sorprende más aún, cuando los liberados sindicales “institucionales” (es decir los que son por acuerdo entre las partes) el resto son horas sindicales fruto de la representatividad y elección democrática de cada sindicato) son un número reducido y hablar de subvenciones a los sindicatos es hablar del chocolate del loro de las subvenciones en el país. Más aún cuando la legislación española impone el derecho y el deber de representación de todos los trabajadores los sindicatos ESTE O NO ESTEN AFILIADOS, es decir un número muy importante de trabajadores y trabadoras se benefician de la actividad sindical sin contribuir al sostenimiento de su actividad.
Pero no creo que este ahí la razón de esta caza de brujas contra el sindicalista, basta echar un vistazo a otras instituciones, las patronales reciben muchas más subvenciones y nadie las cuestiona, la iglesia católica supera en más de 50 veces las subvenciones sindicales y miles de millones se reparten entre algunas decenas de presuntas ongs y fundaciones si apenas control. Y de liberados es mejor no hablar, porque los apóstoles de esta cruzada son los que más se caracterizan por colocar más liberados afines en sus gobiernos, como por ejemplo Esperanza Aguirre que cuenta con 1.521 asesores, (al margen de los puestos de confianza y libre designación entre el funcionariado). O la Junta de Andalucía que cuenta en iguales circunstancias 1.556 asesores. De alcaldes y ayuntamientos mejor ni hablar.
¿Entonces porque los sindicatos y los sindicalistas? Siendo los que menos participan de estos gastos en los presupuestos son los que sin duda mayor desgaste social tienen. Posiblemente estamos ante fenómenos de psicología social, la idea de que los que no tienen empleo, los que lo pierden, los que están en precario, los que están explotados, los que pierden su piso, lo que no pueden pagar su segunda residencia, los que han perdido sus pequeños ahorros en la bolsa, los jóvenes que no encuentran hueco en el paraíso, han hecho suya la idea de que ello es posible porque quienes les representan miran hacia otro lado porque son cómplices “comprados”
No menos cierto es que los sindicatos han promovido numerosas actuaciones contra este estado de cosas que provocan las crisis, pero con un seguimiento desigual y siempre con un sentimiento de derrota que ha impedido articular una respuesta social de entidad frente a los recortes y la pérdida de derechos. Esta falta de credibilidad social de los sindicatos es un hándicap de futuro muy importante que les debería de empujar con celeridad a reflexionar, y apoyar estrategias regeneradoras, de adaptación a una nueva realidad social y económica y con propuestas alternativas ilusionantes y incardinadas en su actividad real diaria que les hagan creíbles ante su base social

martes, 16 de agosto de 2011

¿HAY SECTOR DE PRISIONES AL FINAL DEL TUNEL?

Hay colectivos dentro del mundillo sindical penitenciario que fijan todas sus respuestas y expectativas, al declive de nuestras condiciones laborales, a poder cambiar las reglas del juego sindical, es decir afirman que si lográsemos tener un “ámbito propio” todos nuestros problemas se acabarían: no habría más agresiones, no faltaría personal en las prisiones, los directores dejarían de ser pequeños caciques en sus reinos de taifas, no nos rebajarían el sueldo, habría menos presos en los módulos, tendríamos unos cuidados de salud laboral exquisitos, y nuestros horarios se acortarían y serian mejores, por no hablar de una jubilación anticipada, por ejemplo a los 57. Para estos logros parece que la sectorización es una condición básica dentro de este discurso
Hay que reconocer que parece goloso, “lo nuestro para nosotros”, suena bien, es una consigna lograda, recuerda a otras precedentes, vamos algo así, como cuando se nos dijo lo del sindicato de vigilancia…bueno de funcionarios de prisiones…bueno de empleados penitenciarios…bueno sindicato confederal, bueno al final parece que “lo nuestro” suele ser bastante elástico y como si chicle se tratase acaba bastante manoseado. Pero  es una idea que puede resultar atractiva, tanto que la segunda marca sindical de quienes promovieron esta idea, la hace suya en una campaña reciente y que yo sepa  el “sindicato de prisiones” tampoco ha renunciado a ello
Más allá de “nosotros y lo nuestro” de las apelaciones a los instintos, ¿existe algún tipo de elaboración tras la consigna de la sectorización, algo que permita otear un horizonte menos malo para los funcionarios y funcionarias de prisiones?
Toda consigna tiene que ser pegadiza, maleable y que conecte con lo atávico e interior de a quién va dirigida, la sectorización, el sector, reúne esas características, son muchas las compañeras y compañeras que honestamente creen que las cosas nos irían mejor si nos cociéramos en nuestra propia salsa, pero que si le dedican dos minutos a la idea, se observa que no hay demasiada elaboración tras la consigna, se ignora el presente, desconocen el marco actual y su normativa, y  no proyectan una propuesta para el futuro, no hay luz sobre qué tipo de sector se promueve. Todo parece más algo más de mercadotecnia que de programa sindical.
¿Estamos hablando de un sector que defina solamente la unidad electoral en el marco de prisiones? ¿O lo que se nos propone es tener un ámbito de negociación autónomo y especifico? ¿O hablamos de una regulación funcional, orgánica y normativa propia en el marco del EBEP?
En el caso del planteamiento de la unidad electoral propia, la única modificación posible sobre la situación actual, sería un cambio en las correlaciones de fuerza sindicales, pero con los mismos actores actuales que no saben encontrar respuesta a nuestros problemas. Diferentes pesos pero la misma incompetencia.
En el caso de que se busque un ámbito de negociación propio, éste ya existe, en la mesa delegada, que tiene toda la autonomía que permiten los presupuestos y que tampoco parece servir como instrumento para nuestros problemas, ni con el “sindicato de prisiones” dentro, ni con él fuera
Y finalmente la opción de un marco jurídico nuevo, parece que llega con retraso, a quien plantea eso se le ha escapado el tren, no estaba donde debiera de estar cuando eso se decidía,  el EBEP ya esta promulgado y definido como ley orgánica y tras necesitar más de 25 años que saliera algo como esa ley, parece impensable considerar, como idea tan siquiera, que se procedería a una nueva modificación parlamentaria de algo recientemente aprobado y que contaría  con la oposición de los sindicatos mayoritarios.
Si al final las opciones son reducidas y meramente instrumentales, parece que no van más allá de satisfacer, legítimos, pero meros intereses corporativos de grupos sindicales. Entonces ¿Sirve el sector para el personal de prisiones?
Qué duda cabe que el hecho de que se planteé ese escenario  y el propio debate pone con un cierto peso mediático al colectivo y puede hacer visualizar mejor sus necesidades.
Pero hay que ser muy ingenuo para pensar que cuanto más local y más pequeño mejor se pueden gestionar nuestras reivindicaciones, la realidad impone que eso no sucede así en la dialéctica social, política y sindical. En lo local solo se da la atomización, crece la mediocridad y se aleja a la gente de la toma real de decisiones.
El mundo actual enfrentado a la globalización económica, y donde la política ha perdido peso en la toma de decisiones y la democracia se debilita, parece que esta opción de menguar traería bastantes problemas.
Asistimos cada día a como políticos de los que no suben impuestos (para que haya menos Estado), quitan recursos a la protección de los socialmente más débiles, despiden personal público y recortan sus retribuciones. También tenemos los políticos del progreso y la modernidad que facilitan el despido libre, incumplen los acuerdos, mortifican pensionistas y desmontan estados de bienestar y también acosan y recortan al funcionariado.
Pero ni unos ni otros gobiernan, solo son los voceros que nos “comunican” y ejecutan las ordenes que reciben, no las de sus votantes o programas electorales, sino las de los llamados mercados y entes supranacionales del capital financiero internacional como el FMI, que les dicen cuantos funcionarios sobran, cuanto debemos cobrar y si las prisiones pueden ser públicas o privadas si dan beneficios, entre otras muchas cosas.
Pensar en ser más pequeños y más débiles para hacer frente a fuerzas cada día más poderosas, o es intencional y entonces cuando menos hablamos de mala fe y de manipulación del colectivo, o es ignorancia y estaríamos ante el suicidio o la temeridad, ó pudiera ser simplemente catetismo aldeano que prefiere ser cabeza de lombriz antes que cabeza de león.
Todo lo que sea fraccionar, el sector fracciona, divide y resta, nos debilita, y hará que el túnel sea más largo, más oscuro y salgamos de él con menos derechos, mas carga de trabajo y más años en los talegos